• 07/10/2022 20:22

Cartas desde Londres: Así terminó el «Wagatha Christie», el caso con más morbo en los tribunales de Inglaterra y Gales (y II)

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Como recordarán, la semana pasada dejamos el caso “Wagatha Christie” con la sorprendente negativa de la demandante, Rebekah Vardy y su agente, Caroline Watt, a entregar sus teléfonos móviles a la ‘High Court’ de Inglaterra y Gales.

El interés en examinar esos dispositivos es esencial dado que permitiría comprobar si Vardy tenía algo que ver con las filtraciones sobre la vida privada de su otrora amiga Coleen Rooney al periódico “The Sun”, extremo siempre negado por la reclamante y que, en consecuencia, trasladaba la carga de la prueba a la demandada.

También recordarán que, tanto Vardy como su agente ofrecieron excusas peregrinas para evitar entregar los móviles.

En el caso de Watt, una caída accidental del cacharro en el Mar del Norte durante un crucero por un violento golpe con una ola. ¡Qué casualidad!

Caroline Watt argumentó que no podía entregar su móvil, en el que estaba toda la información, porque se le cayó al mar durante un crucero por el Mar del Norte.

Y en el de Vardy, por la sorprendente desaparición de los mensajes de su “WhatsApp” al no haberse guardado una copia de seguridad, ya que lamentablemente «había olvidado la contraseña«, según dijo al tribunal, perdiendo acceso a esas comunicaciones.

Es más, el ordenador portátil que Vardy utilizó durante el periodo de las supuestas ya no funciona -no sabemos si por martillazos «a la española»- y por si no fuera suficiente la cuenta de Twitter de Watt también ha sido eliminada.

Recordemos además, que según el derecho procesal civil de Inglaterra y Gales, cuando se inicia un litigio, existe la llamada obligación de la “divulgación” (‘disclosure duty’), es decir, los ‘solicitors’ de ambas partes tienen la obligación intercambiarse todos los documentos y pruebas para un litigio y no sólo aquellos que consideren relevantes, una exigencia que, por cierto, evita muchos pleitos.

Por su parte, el periódico “The Sun” rechazaba retieradamente los requerimientos de los abogados de Rooney a revelar cualquier posible mensaje recibido de Watt y Vardy, escudándose en la libertad de prensa y concretamente el derecho de los periodistas a proteger sus fuentes.

El resultado fue que un asunto aparentemente sencillo en su inicio, se convirtió en un caso casi único en la historia de las acciones por difamación, porque había acceso a las pruebas, tal como indicó un reputadísimo ‘QC’ experto en materia de difamación, toda una práctica de altos vuelos en esta jurisdicción que, por cierto, tiene su probable origen en la prohibición de los duelos durante el reinado de James I (1603-1625), abriéndose así el acceso judicial a las afrentas al honor.

Así que viendo el percal, los abogados de Rooney se pusieron como locos a buscar precedentes, ya que sin pruebas de que Vardy había filtrado la información al periódico perderían el caso irremediablemente.

Ya saben, como en las películas, a escudriñar cientos, miles de sentencias en libros polvorientos.

Y encontraron una… de hace exactamente 300 años.

The Sun se negó a entregar ninguna información a la juez del caso apelando al secreto profesional y a su derecho a proteger a sus fuentes. Foto: The Sun.

EL PRECEDENTE: EL ASUNTO ‘ARMORY V DELAMIRIE’ DE 1722

Al contrario que en España, la sentencias antiguas guardan un gran valor en el derecho de Inglaterra y Gales, por lo que los interesados seguro que disfrutarán con este curioso caso del siglo XVIII, un importante precedente sobre el derecho de propiedad.

De hecho, es conocido por ser uno de los primeros casos que establecieron la posesión como prueba de propiedad sobre un bien y que además incluyó algunas interesantes cuestiones procesales y de fondo.

Los hechos, con tintes muy dickensianos, son los siguientes:

El demandante, Armory, era un joven que trabajaba en Middlesex deshollinando chimeneas, ya saben como en Mary Poppins, aunque seguramente sin tanto canto ni baile. La cuestión es que, un buen día, al chaval le tocó la lotería cuando se encontró un anillo de oro con piedras preciosas entre el hollín.

Como no sabía qué valor tenía, Armory decidió acercarse a la tienda del demandado, Delamirie, que era maestro orfebre y se le entregó a su aprendiz, quien, con el pretexto de pesar el anillo, aprovechó para sacarle las piedras.

Total, que llamando al orfebre para informarle de que el valor del anillo había llegado a tres medios peniques, apareció Delamirie desde la trastienda y le ofreció ese dinero al chaval, quien se negó a aceptarlo e insistió en que le devolvieran la joya.

El aprendiz le devolvió el anillo, pero sin las piedras.

Y ya tenemos el follón montado.

Armory, que era de armas tomar según denota su apellido, interpuso una demanda contra Delamirie “in trover”, es decir una acción de indemnización por los daños ocasionados por su aprendiz.

La cuestión principal que se planteó al tribunal fue si alguna de las partes tenía algún derecho de propiedad sobre la joya, dado que Armory se la había encontrado entre los escombros.

Después de todo un complejo proceso, el juez Sir John Pratt CJ resolvió que tanto Armory como Delamirie tenían derechos de posesión sobre la joya, aunque ninguno de ellos era el verdadero propietario de la joya, quien tendría un mejor derecho.

No obstante, como el verdadero propietario de la joya no era relevante al ser desconocido, el Tribunal se centró en decidir quién tenía un mejor derecho en la posesión.

Y así señaló que, según la prioridad en los derechos de posesión, el descubridor tiene mejor título de propiedad que todos los demás, (a excepción del verdadero propietario), por lo que Armory era quien ostentaba el pleno derecho a la joya.

El precedente sobre el que los abogados de Coleen Rooney articularon la acusación contra Rebekah Vardy es del siglo XVIII, de un deshollinador que encontró un anillo en el curso de su trabajo y lo llevó a un maestre orfebre para que lo valorara.

LOS PRINCIPIOS DE LA SENTENCIA ‘ARMORY V DELAMIRIE’

Por tanto, el Tribunal falló a favor del chaval en Armory v Delamirie [1722] EWHC KB J94

(1722) 1 Strange 5O5; 93 ER 664, KB, sentando además algunas cuestiones interesantes en el derecho de Inglaterra y Gales.

La primera, que el descubridor de una joya, aunque ciertamente no adquiere un derecho de propiedad absoluto sobre el bien, permite su derecho preferente a conservarla frente a cualquier tercero que no sea su legítimo propietario (a diferencia de la solución ofrecida en el Código civil de España en su artículo 351).

En segundo lugar, que la acción bien puede recaer sobre el maestro orfebre respecto de los actos efectuados por su aprendiz, siendo responsable de la negligencia de su empleado, (solución idéntica a los códigos continentales del XIX y en España en el artículo 1.903 del Código civil).

Y finalmente la sentencia del caso ‘Armory v Delamirie’ sentó un importante precedente respecto al valor de la indemnización ya que el orfebre no aportó la joya al juicio para que fuera peritada.

De ahí que Sir John Pratt CJ concediera a Armory el valor máximo que podía tener una joya de esas características en virtud del principio según el cual, un infractor no debe poder obtener ganancias derivadas de su infracción, es decir, la incertidumbre sobre los concretos daños causados al perjudicado.

Ya ven por dónde va el tema, ¿no?

Pues ahora es cuando viene lo divertido.

LA APLICACIÓN DE ‘ARMORY V DELAMIRIE’ EN EL CASO “WAGATHA CHRISTIE”

Debido a la ausencia de pruebas directas, los abogados de Rooney -que de tontos no tenían ni un pelo- alegaron la doctrina del caso del siglo XVIII para indicar que la falta de pruebas era precisamente imputable a Vardy y a su agente, quienes se habrían puesto de acuerdo para eliminar pruebas.

De tal manera, la defensa de Rooney alegó que no fue un accidente, sino que Watt tiró su teléfono en el Mar del Norte como parte de un plan concertado con Vardy para impedir que se registrara el teléfono en busca de “WhatsApps” sobre las informaciones filtradas a “The Sun”. 

Así, durante los tres día que duró el juicio, el ‘barrister’ de Rooney, el célebre David Sherborne, dijo que esa caída estaba “lejos de ser un accidente” y que era “inexplicable” que Vardy no dijera a sus abogados durante cuatro meses que el teléfono de su agente había acabado en el fondo del mar.

De la misma manera, respecto a la desaparición de los mensajes en móvil de Vardy, la defensa de la demandada advirtió graves contradicciones ya que, inicialmente, la demandante dijo al tribunal que sus conversaciones de “WhatsApp” no estaban disponibles debido a que se cambió de móvil, aunque después “no pudo confirmar ni negar” que cambiara de dispositivo, de tal manera que según el ‘barrister’de Rooney, esos mensajes en realidad “fueron borrados manualmente a propósito”.

Por tanto, siguiendo el precedente en ‘Armory v Delamirie’, si el tribunal puede saber que faltan pruebas, debe suponer que el valor de la prueba que falta es del mayor valor posible para eliminar la laguna probatoria, equiparando la falta de aportación del anillo por el maestro orfebre y su aprendiz con los mensajes de “WhatsApp” ocultados por Vardy y su agente.

De hecho, sí se pudieron recuperar unos pocos fragmentos de mensajes del móvil de Vardy en los que insultaba a su supuesta amiga Rooney, llamándola nada menos que “coño” (‘cunt’) -algo parecido a “mujer idiota” en español- y “puta” (‘bitch’).

Como es lógico, el ‘barrister’ de Rooney alegó en su alegato final que “solamente puede uno  imaginar lo mal que se vería Vardy si el tribunal tuviera acceso a todo aquello que pudo borrar con éxito. Lo que queda es más que la punta del iceberg”.

Ahora solamente queda la traca final.

La juez Karen Steyn condenó a Rebekah Vardy, que tendrá que pagar las costas de los abogados de Coleen Rooney, estimadas en 3.555.626 de euros.

LA SENTENCIA EN EL ASUNTO “WAGATHA CHRISTIE”

Y cantaron bingo en la ‘High Court’ de Inglaterra y Gales.

En la sentencia del pasado día 29 de julio de 2022, Mrs. Justice Steyn fue especialmente crítica con la supuesta pérdida de pruebas de los mensajes clave en el caso.

Es más, la jueza no se tragó la película sobre la caída accidental del móvil, considerando que su probabilidad era “escasa”, concluyendo que Vardy y su agente Watt “borraron o destruyeron pruebas deliberadamente”, lo que no es moco de pavo en esta jurisdicción.

De hecho, la sentencia considera probable que fuera Watt quien pasara directamente la información al periódico sensacionalista, pero que Vardy conocía y aprobaba ese comportamiento, dirigiendo a su agente a la cuenta privada de Instagram.

Es más, en los interrogatorios de parte, a diferencia de Vardy, Rooney se mostró como una un testigo “honesto” que respondió a las preguntas “sin ninguna evasión”.

El resultado fue la desestimación fulminante de la demanda de Vardy quien, por cierto, ha anunciado recientemente que no apelará.

El problema para ella viene precisamente ahora dado que, como ya sabemos, en el proceso civil se sigue la famosa ‘English Rule’, es decir, quien pierde debe asumir los costes del pleito, lo que incluirá la mayor parte de la factura de los ‘solicitors’ y ‘barristers’ de Rooney.

Según algunos cálculos, la factura que le pasarán a Rebekah Vardy será de 3 millones de libras esterlinas (3.555.626 de euros), lo que abrirá previsiblemente un periodo de negociación entre las partes y, en caso de no alcanzar un acuerdo, que sea la ‘High Court’ quien considere qué es “razonable y proporcionado” en concepto de costas.

Un pastizal en cualquier caso.

Súmenle este precio al coste en la reputación y coicidirán conmigo que Vardy fue a por lana y salió muy, pero que muy trasquilada.

Y todo gracias a una sentencia de hace 300 años.

No me dirán que no es fascinante.

Pues más la semana que viene.

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Artículo de JosepGlvez publicado en https://confilegal.com/20220809-cartas-desde-londres-asi-termino-el-wagatha-christie-el-caso-con-mas-morbo-en-los-tribunales-de-inglaterra-y-gales-y-ii/

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