WalkingRivers celebra este sábado su tercera edición con una nueva propuesta para poner en valor los ríos: además de caminarlos, escucharlos. El objetivo, que la población «sienta» los ríos, recuerde su importancia y reclame a las administraciones acciones para mejorar su estado de conservación.
En esta tercera edición, se han registrado 127 rutas que recorrerán 114 ríos de 26 países de todo el mundo, incluida España, donde las 52 rutas organizadas suman más de 300 kilómetros.
En sus dos ediciones anteriores, WalkingRivers reunió a más de 7.000 personas a través de más de 200 rutas en 30 países de los cinco continentes, creando una creciente comunidad global que celebra y cuida los ríos, han asegurado los responsables de la iniciativa, que han animado a los aistentes a ir vestidos de azul, color que distingue a la iniciativa.
Organizado por el Centro Ibérico de Restauración Fluvial (CIREF), Wetlands International Europe y el Observatorio del Agua de la Fundación Botín, el evento anima a personas y comunidades a reconectar con los ríos, sobre todos urbanos y periurbanos, a través del sencillo acto de «caminarlos» y, en esta ocasión, también «escucharlos».

Visibilizar sus problemas y cómo nos repercuten
El objetivo es visibilizar los ríos, invitar a los ciudadanos a que salgan a caminarlos, a disfrutarlos y a que se den cuenta de su valor, pero también de los problemas que tienen y cómo eso repercute en nuestra vidas, ha explicado a EFE Verde la directora adjunta del Observatorio del Agua, Lucía De Stefano.
Este año, se podrá la atención en el sentido del oído, porque al escuchar cómo suenan el río y el espacio que lo rodea también se puede tomar consciencia de sus virtudes (la relajación que aporta el sonido del agua, de los pájaros, de la vegetación etc), como de sus problemas (como la degradación ambiental que produce el ruido del tráfico).
A pesar de que siempre han tenido un papel fundamental en la tradición, en la cultura, en el mundo occidental «hemos desconetado de ellos», sobre todo en las grandes ciudades que, irónicamente, se construyeron junto a grandes ríos a los que llegaron a convertir en sus cloacas o «taparon o desviaron» porque generaban «molestias», como interrumpir el tramo urbano o inundaciones.
Afortunadamente, en los años 90 surgió un movimiento en sentido contrario que busca poner en valor los ríos en la ciudad mediante acciones como la recuperación de paseos fluviales y la mejora de la calidad de sus aguas. Es importante que no estén conminados y que no huelan mal para que los ciudadanos quieran acercarse a ellos, así como gestionar mejor las inundaciones para que dejen de verse como algo peligroso, ha añadido. EFE Verde
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