Las repúblicas no suelen morir de golpe. Antes de caer, aprenden lentamente a convivir con la degradación de sus propios límites. La decadencia de la República romana constituye probablemente uno de los ejemplos históricos más elocuentes de ese fenómeno. Roma conservó durante largo tiempo sus magistraturas, sus normas, sus órganos de control y sus mecanismos […]