• 20/06/2024 08:39

Sin inversión y estrategia no hay resiliencia frente a la sequía. Por (*) Francesc Trillas

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El número y la duración de los períodos de sequía han aumentado un 29% desde el año 2000 y, si no se toman medidas urgentes, las sequías podrían afectar a más de tres cuartas partes de la población mundial en 2050, según la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación.

Por eso, este 5 de junio el lema del Día Mundial del Medio Ambiente es: “restauración de las tierras, desertificación y resiliencia frente a las sequías”.

España apenas sale de uno de los peores ciclos de sequía de los últimos tiempos, caracterizado por su intensidad, extensión e impacto en el desarrollo socioeconómico de una parte importante del país, por lo que se hace más necesario que nunca echar la vista atrás para analizar cómo podemos reforzar nuestra resiliencia frente a estas sequías recurrentes, casi estructurales, que viven la península ibérica y ambos archipiélagos.

Ocupamos el tercer lugar de estrés hídrico en Europa, después de Malta y Bélgica. Además, el 42 % del territorio nacional tiene una situación de estrés hídrico (relación entre agua dulce extraída y disponibilidad del recurso).

Cuando hay problemas con el agua, hay problemas económicos

Este panorama no solo afecta al suministro de agua para el consumo humano, sino que tiene implicaciones directas en gran parte de las actividades económicas como la agricultura, la industria y el turismo, sectores clave para nuestra economía.

Por poner un ejemplo, la sequía fue el lastre principal de la economía catalana durante el año 2023. Las medidas de ahorro implantadas por la Generalitat en plena crisis del agua hicieron que el Producto Interior Bruto (PIB) del sector agrario de la región se desplomara un 17,6% el año pasado y acumulara otro año negro, tras ceder también un 13,9% en 2022.

Además, de estas pérdidas, según la Prueba de Estrés Climático Macroeconómico (MCST) realizada por Scope, agencia de calificación crediticia europea, España afrontará pérdidas por valor de 4,6 billones de euros hasta 2050, a causa de las sequías y de las olas de calor.

Esta es la factura económica que nos deja el cambio climático, que exige adoptar estrategias efectivas para que la escasez de recursos hídricos no se convierta en un factor limitante para el desarrollo económico.

Las inversiones son la pieza angular para mejorar la eficiencia y la solución, que no puede fiarse solo a la tecnología; pasa por invertir en infraestructuras físicas y acelerar ese cambio tecnológico aplicando una digitalización que optimice el control del agua.

Unas actuaciones que requieren urgencia y que, ahora que parece que el año hidrológico nos da un respiro a nuestra reserva hídrica, son más necesarias que nunca si queremos evitar caer nuevamente en la emergencia por sequía y escasez de agua para todos los usos.

Afrontar la sequía exige una transición hidrológica en la que, al modo de la energética, se incorporen al mix hídrico fuentes alternativas a las actuales: aguas superficiales y aguas subterráneas a las que se suman aguas desaladas y aguas regeneradas.

Reutilización del agua

Entre las diversas soluciones que se barajan a nivel europeo, la reutilización de aguas tiene una importancia creciente. El reúso después de un tratamiento adecuado prolonga el ciclo de vida del agua y preserva los recursos hídricos, y, bajo este planteamiento, la Comisión Europea plantea la necesidad de mejorar el saneamiento y de dotarse de unos mecanismos de control y precaución para garantizar la calidad de las aguas urbanas regeneradas, de manera que se generalice, en principio, solo para usos agrarios.

De hecho, el riego agrícola posee el mayor potencial para la adopción de la reutilización del agua y para reducir la escasez del recurso en España y en toda Europa, como destaca la Directiva Europea de reutilización, que entró en vigor en junio pasado y que quiere duplicar la reutilización de aguas regeneradas.

Esta medida evitaría más de un 5 % de la captación directa procedente de masas de agua y aguas subterráneas, lo que daría lugar a una reducción de más del 5 % del estrés hídrico global de la Unión.

En esta legislatura europea que toca a su fin, la Comisión ha abordado el asunto desde una perspectiva transversal para avanzar hacia una gestión del agua adaptada a la crisis climática.

Tanto el Plan de Acción para la Economía Circular como la nueva Estrategia de Adaptación al Cambio Climático de la UE hacen referencia a un uso más amplio de las aguas regeneradas como forma de aumentar la capacidad de Europa para responder a las crecientes presiones sobre los recursos hídricos.

Además, la propuesta de revisión de la Directiva sobre el tratamiento de las aguas residuales urbanas refuerza la disposición existente que fomenta la reutilización del agua, exigiendo a los Estados miembros que promuevan sistemáticamente la reutilización de las aguas regeneradas procedentes de todas las plantas de tratamiento de aguas residuales urbanas.

España es un gran ejemplo en lo que a regeneración y reutilización se refiere. Es el país que más agua reutiliza en Europa y el quinto del mundo, con una ratio de reciclaje de entre el 7 y el 13%, lo que supone un ahorro de 500 hm3 de agua al año.

Si tenemos en cuenta que casi el 15% del consumo total de agua en España se destina al abastecimiento urbano, con casi 4.000 hectómetros cúbicos suministrados, y que contamos con 2.232 Estaciones Depuradoras de Aguas Residuales (EDAR), que tratan un total de 4.066 hm³ de aguas residuales, unos 245 litros de agua depurada por habitante y día.

Si fuésemos capaces de obtener un agua regenerada con mayor calidad que la que proporcionan nuestras fuentes convencionales de recursos hídricos, podríamos contar con ese volumen anual, una suerte de “embalse virtual” que constituiría lo que hoy es el ciclo urbano del agua aumentando la disponibilidad en cantidad y calidad de agua.

La sequía es un fenómeno que puede tener un impacto significativo en la economía de un país, y España no es una excepción.

La factura económica cada vez es más alta, y es esencial adoptar estrategias efectivas, mediante la activación de todo nuestro potencial institucional, público, comunitario y privado, para enfrentar este desafío y preservar los usos ambientales del agua que son la sangre que mantiene vivo nuestro planeta.

 

(*) Francesc Trillas es doctor y profesor de Economía Aplicada de la Universitat Autònoma de Barcelona y miembro del Comité Académico del Foro de la Economía del Agua.

 

 

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