Madrid.- Hay un personaje al que los ciudadanos de la zona de Plouarzel, en el departamento de Finistère (Francia), conocen muy bien: el gato naranja Garfield. Y no porque lo vieran por la televisión, sino porque lleva años inundando sus playas.
Durante más de cuatro décadas, esta comunidad de la costa de Bretaña ha encontrado en sus playas restos de teléfonos con forma de este famoso gato obra de Jim Davis.
Un caso de contaminación del mar que ahora recoge el documental Silly Little Plastic Cat (Un absurdo gatito de plástico, en español), que el director Zack Grant ha realizado con el apoyo de la compañía de reacondicionados Back Market y que se ha estrenado este viernes.
«La mascota de la punta de Bretaña», como bromean ahora los vecinos del lugar, Garfield fue una estrella de los 80, también de los artículos publicitarios.
Entre ellos, este teléfono fijo que abría los ojos cuando recibía una llamada, mientras el resto del tiempo permanecía dormido -algo, por otra parte, más que habitual de este personaje-.
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Lo que Garfield no sabía es que dormiría la mayor parte de su vida en la costa francesa. En los años 80, un contenedor marítimo se perdió frente a la costa bretona del Mar de Iroise y fue a encallar en una zona de difícil acceso entre los acantilados de Plouarzel.
Siguen apareciendo teléfonos
Esto ha hecho que, todavía a día de hoy, los teléfonos sigan apareciendo en las playas y que, solo en 2018, los vecinos llegaran a recoger más de 200 fragmentos de este aparato. «Yo he encontrado miles a lo largo de mi vida. Y la asociación, decenas de miles, sin duda», reflexionan desde la asociación Ar Viltansoù en el documental.
También se convirtió en todo un misterio local que Ar Viltansoù consiguió resolver, ya que localizaron el contenedor en el que todavía quedaban restos del cargamento. Pero ante todo, se trata de un caso paradigmático sobre la vida oculta de estos dispositivos: objetos diseñados para quedarse obsoletos en pocos años, pero que pueden permanecer durante décadas en el entorno.
Y es esto precisamente lo que Zack Grant ha querido reflejar en su documental. A través de los testimonios de los vecinos, quienes no esconden su risa cuando se les pregunta por el famoso gato, el director reflexiona sobre un problema ambiental que afecta a la humanidad ya que, tal y como recuerdan, miles de contenedores acaban en el agua cada año.
«Y aquí es donde esta historia anecdótica cobra una dimensión completamente distinta. Porque 40 años después, un solo contenedor: decenas, incluso cientos de miles de piezas. Hoy, varios miles de contenedores acaban en el agua cada año. Eso nos hace pensar en la cantidad de basura que ha llegado a nuestras playas», destacan en otra parte del documental.
Hablar sobre cómo consumimos
Para Back Market, la historia, que parte de una imagen absurda y visualmente poderosa como es la del teléfono del gato naranja en las playas de la región, pretende abrir una conversación mucho más seria sobre consumo, residuos tecnológicos, reparación, memoria colectiva y la vida útil de los objetos.
De hecho, durante el mismo, los participantes hablan de que esto tan solo es una gota de contaminación en el mar y que la idea es clara: consumir menos y consumir diferente. También llaman al espectador a plantearse cómo se pueden hacer las cosas de otra manera.
Demuestran, además, el poder de la reparación frente a la corriente de cambio de dispositivo electrónico cada pocos años. Porque la pregunta sobre lo que ocurre con aquello que compramos, usamos y desechamos es incómoda, pero las respuestas como las de Garfield lo deberían ser mucho más. EFE Verde
mnc
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Artículo de Mari Navas publicado en https://efeverde.com/documental-garfield-contaminacion-mar/