• 21/05/2024 16:07

El almacenamiento enfrenta uno de sus mayores retos: la regulación. Por (*) Manuel Losada

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Por Manuel Losada,  CEO de Isotrol.

El cambio climático es un problema que ha ido ganando terreno en nuestro día a día hasta situarse como una de las principales preocupaciones que nos atañen como sociedad. Por ello, la transición energética resulta inaplazable; pasando de ser una urgencia del futuro a una necesidad del presente.

Una realidad que nos atañe a todos de manera individual como ciudadanos y que, por supuesto, atañe también a empresas, instituciones y gobiernos, encargados de liderar el cambio de paradigma que requiere el planeta.

Llegados a este punto, sólo hay una forma de afrontarlo: compromiso real y efectivo para que los hechos marquen el paso a las palabras y no al revés. Sólo así llegaremos a tiempo de dejar un mundo posible a las generaciones que están por venir.

No obstante, el tiempo apremia y queda mucho trabajo por delante. En este contexto en el que el impulso de la transición energética resulta insoslayable, el reto del almacenamiento supone una oportunidad para estabilizar la volatilidad de los precios de la energía y dar soluciones que garanticen la seguridad energética y la sostenibilidad medioambiental.

Eficiencia y aprovechamiento de las renovables

Capturar la energía y retenerla para su uso futuro es esencial para garantizar la eficiencia de las renovables y su máximo aprovechamiento. Y una de las claves para avanzar en este punto la encontramos en la gestión y optimización del plan de carga y descarga de las baterías, necesidad que se prevé especialmente crítica en los dos próximos años.

La optimización de la energía almacenada no es un capricho del mercado, sino una necesidad imperante para garantizar la estabilidad de la red y maximizar los ingresos. Los mecanismos de gestionabilidad son clave para garantizar el suministro y evitar la pérdida de energía por vertidos en aquellos momentos en los que esta no se puede inyectar a la red por falta de demanda.

Así, esta optimización requiere de una infraestructura tecnológica avanzada en la que el EMS (Energy Management System) funcione de puente con el PPC (controlador de planta exigido por normativa), conectando así la planta con el mercado.

En España, país pionero en la adopción de energías renovables, ya existen cuatro plantas híbridas dotadas con EMS, herramientas fundamentales que permiten decidir cuándo cargar o descargar las baterías, optimizando así el uso de la energía almacenada en función del precio de la energía y del estado de carga de la batería.

Regulación

Sin embargo, la expansión de esta tecnología y la realización de proyectos a gran escala se ha visto frenada por dos grandes obstáculos: la regulación y el elevado Capex de estos proyectos.

La regulación ha presentado limitaciones que han dificultado el despliegue de la capacidad de almacenamiento instalada, proyectada en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) -actualmente en fase de consulta- en 22 GW para el periodo 2028-2030, aunque las expectativas más realistas lo sitúan en torno a los 4,6 o 4,8 GW.

El cambio de panorama llegó a finales de 2023, cuando el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (Miteco) inyectó 150 millones de euros, propiciando el nacimiento de 36 nuevos proyectos de almacenamiento de energía.

Esta inversión, junto a otra prevista en los próximos meses, promete marcar un antes y un después en el sector, generando un interés real en el desarrollo y participación en los proyectos de baterías, como ha ocurrido en otros países como Estados Unidos o Australia.

Entre los factores que propiciarán este cambio destacan la financiación -con subvenciones que reducen significativamente el Capex y facilitan la ejecución de proyectos-, una inminente regulación del mercado de capacidad que favorecerá al sector -colocando a España en una posición más competitiva a nivel internacional y la rentabilidad, destacando la importancia de las baterías en contextos donde los precios de la energía pueden llegar a ser nulos, garantizando así la rentabilidad de la generación renovable.

Ante este panorama, es crucial que tanto el sector público como el privado aúnen esfuerzos en la adaptación de la normativa, la inversión en tecnología y la formación de profesionales capacitados para gestionar estas nuevas herramientas.

Solo así se podrá aprovechar plenamente el potencial de las energías renovables, garantizando una transición energética justa, rentable y sostenible.

Como decíamos al principio, la gestión y optimización de las baterías no es solo una cuestión técnica o económica, es también un desafío social y ambiental.

Se trata de garantizar un futuro energético sostenible donde la energía renovable pueda satisfacer las necesidades de la sociedad de manera eficiente y continua.

El mercado demanda este cambio y España, con su rica experiencia en energías renovables y su compromiso con la sostenibilidad, tiene la oportunidad de liderar en Europa este avance hacia un futuro más verde y próspero.

Ahora que el tiempo apremia y tenemos la oportunidad histórica de dejar un mundo mejor del que habitamos a las próximas generaciones, el almacenamiento se erige como una gran apuesta para conseguir los objetivos marcados.

 

(*) Manuel Losada es CEO de Isotrol.

 

 

 

Creadores de Opinión Verde #CDO es un blog colectivo coordinado por Arturo Larena, director de EFEverde

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