Una empresa puede mantener su actividad, generar caja y atender sus pagos y, al mismo tiempo, mostrar señales de que su estructura financiera necesita una revisión. Esperar al primer incumplimiento puede reducir el margen para negociar con los acreedores y adaptar la deuda a la capacidad real del negocio.
Abencys Reestructuraciones, despacho multidisciplinar de abogados y economistas especializado en reestructuraciones e insolvencias, sitúa entre estas alertas el deterioro sostenido de ventas o márgenes, las desviaciones recurrentes del plan de negocio, una generación de caja insuficiente para afrontar los vencimientos previstos y la creciente utilización de financiación.
Las señales que conviene analizar antes de un impago
Una caída continuada de las ventas o de los márgenes y las desviaciones recurrentes respecto al plan de negocio pueden indicar que las previsiones sobre las que se organizó la financiación han dejado de ajustarse a la realidad. Para valorar su alcance, resulta necesario contrastar la caja que genera la actividad con los compromisos de pago previstos.
El uso de la financiación ofrece otras alertas. Abencys destaca el mayor uso medio de las cuentas de crédito y la necesidad reiterada de prorrogar financiaciones de importación. Estos indicadores deben analizarse junto con la evolución de la tesorería y los vencimientos, para valorar si responden a una situación puntual o a un desajuste persistente.
El diagnóstico debe incorporar también la evolución del mercado. Caídas sostenidas de precios, incrementos estructurales de costes, cambios regulatorios o modificaciones en las condiciones de financiación pueden alterar las previsiones sobre las que se estructuró la deuda. Por ello, una compañía operativamente viable puede necesitar revisar su estructura financiera.
Ninguna de estas señales implica por sí sola que una empresa sea insolvente o necesite una reestructuración. Su relevancia aumenta cuando se combinan, se repiten o muestran una tendencia sostenida.
Anticiparse amplía las alternativas
El análisis no debe limitarse a comprobar si la compañía puede atender el siguiente vencimiento. Debe determinar si podrá hacer frente al conjunto de sus obligaciones sin comprometer su actividad y conectar la tesorería, la deuda y las perspectivas del negocio.
En este seguimiento, Abencys destaca el papel del Chief Restructuring Officer (CRO) como profesional capaz de contrastar la evolución financiera y operativa con el plan de negocio e identificar desviaciones que puedan comprometer la capacidad futura de pago.
El Texto Refundido de la Ley Concursal contempla la posibilidad de iniciar negociaciones para alcanzar un plan de reestructuración cuando exista probabilidad de insolvencia. Esta situación se produce cuando sea objetivamente previsible que, sin una reestructuración, el deudor no podrá cumplir regularmente las obligaciones que venzan en los próximos dos años.
“El error es esperar a que aparezca el primer impago para preguntarse si existe un problema. Una empresa puede mantener su actividad y seguir siendo viable, pero tener una estructura financiera que ya no se corresponde con su capacidad futura de generación de caja. Cuanto antes se identifique ese desajuste, mayor será el margen para analizar alternativas y preservar el valor del negocio”, señala Enrique Calabuig, socio de Abencys.