• 20/05/2024 20:58

Escisión en la Unión Europea: guerra o sostenibilidad. Por (*) Ismael Morales (Fundación Renovables)

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El goteo de encuestas sobre la intención de voto en las próximas elecciones europeas del 9 de junio se lleva produciendo desde inicios de año. Ninguno de los resultados son lo suficientemente prometedores.

No obstante, a nivel general, el Eurobarómetro realizado durante esta primavera revela que los europeos (como si la variedad social pudiera agruparse bajo ese concepto) son muy conscientes de la importancia de las elecciones en el contexto geopolítico actual.

Más de ocho de cada diez, el 81%, reconocen que estas elecciones son vitales para el futuro.

Otros datos relevantes son que la defensa y la seguridad, entendidas como refuerzo armamentístico, de la Unión Europea (UE) ocupan el tercer lugar, con un creciente 31%.

Ante la avalancha de campañas de terror y rearme por una “inminente guerra”, la importancia que la ciudadanía le concede ha aumentado a lo largo de la última legislatura europea.

Los habitantes de la UE sitúan la defensa y la seguridad (37%) como primeras prioridades para reforzar la posición de la eurozona en un mundo cada vez más dividido, seguidas de las cuestiones energéticas y la seguridad alimentaria/agricultura (ambas con un 30%).

Por otro lado, casi tres cuartas partes (73%) afirma que las acciones de la UE tienen un impacto en su vida cotidiana.

El problema es que Europa no es compacta, ni un bloque único, no nos engañemos; tiene hilos culturales y socioeconómicos que rompen las costuras de los ejes norte-sur y este-oeste.

Según esta misma encuesta, en España, el 57% desconocía que había elecciones al Parlamento Europeo y un 42% no les daba importancia.

Además, un 59% pensaba que su voz no cuenta a nivel europeo y un 42% no estaba satisfecho con el nivel democrático de la UE (quizás sean los mismos que desconocen que habrá elecciones en junio).

En cuanto a la seguridad, en España solo preocupa a un 14% (frente al 31% europeo) y se prioriza, en primer lugar, desmantelamiento de la sanidad pública, con un 45%.

La realidad es que la desconexión de la sociedad con las diferentes estructuras verticales del poder legislativo y ejecutivo cada vez es mayor. Esta diferencia se incrementa, sobre todo, a nivel rural.

En la España más allá de las grandes ciudades, la Comisión Europea (CE) y el Parlamento Europeo (PE) son dos entes extraños y ajenos que mueven los hilos desde Bruselas. Es decir, muy lejos de casa y desconociendo la realidad y las necesidades de esas poblaciones, lo que genera desconfianza.

En las zonas rurales, la administración más cercana es el ayuntamiento, seguida de la Diputación provincial y la administración regional supone una frontera.

Por tanto, no saben, o no quieren saber, por diversos motivos, que el presente y el futuro de Europa es el presente y el futuro de España, sobre todo a nivel regulatorio.

También el futuro de todas las pequeñas poblaciones, a horas de viaje de las grandes ciudades, depende, en última instancia, de las decisiones de Bruselas.

Hoy, solo permean y se conocen los “tambores de guerra”, tocados por una multitud de bandas de los medios de comunicación y los relatores políticos y la falta de apoyo al reconocimiento del Estado Palestino o a mediar en el alto el fuego.

Esta sensación de inseguridad está siendo la base del discurso para movilizar el voto de las derechas y las ultraderechas, dejando casi en la marginalidad mediática la agenda política verde.

El futuro europeo tiene un cruce de caminos patente en estas elecciones que se bifurca hacia la guerra o la sostenibilidad, entendida esta como la mejora del bienestar social y ambiental y la reducción de la desigualdad.

Una de estas líneas, ahora sombreadas por las tensiones reales, e incluso las imaginadas por ciertos intereses, es la de la lucha contra el cambio climático. En este sentido, desde la Fundación Renovables proponemos que la nueva Agenda Estratégica 2024-2029 de la UE tenga en consideración la creación de una Política Energética Común (PEC).

Nos jugamos mucho, no solo no dar marcha atrás en los avances conseguidos, sino poder unificar, coordinar y potenciar los diferentes intereses energéticos de la UE como un conjunto y así competir en el liderazgo climático con otras potencias, para que haya una única dirección hacia el futuro y no veintisiete caminos diferentes.

Poner en riesgo la consolidación y la continuidad de la Agenda Verde Europea es comprometer el presente y el futuro de la ciudadanía. La defensa y la seguridad no son cuestiones armamentísticas.

Ante el gran reto de la historia de la humanidad, la defensa y la seguridad son temas sociales para mitigar y adaptarnos ante los impactos climáticos que sufrimos y sufriremos todos y cada uno de nosotros.

Con una PEC base para todos los Estados miembros, la trasposición de las directivas y reglamentos permitirá potenciar la autonomía estratégica de Europa y evitar la vulnerabilidad que ha mostrado en las diferentes crisis sanitarias y energéticas, donado una respuesta conjunta a un reto común.

Podemos tomar dos direcciones, según destacan los manifiestos políticos: bélica o sostenible, guerra o paz. No se pueden elegir las dos porque son diametralmente opuestas.

Si elegimos la incorrecta, dejaremos de lado la urgente erradicación de los combustibles fósiles en todos los sectores que ahora son críticos como el transporte, la edificación o la industria. Se ralentizarán la expansión de las tecnologías renovables, la consolidación de la licencia social con los territorios, la rehabilitación y la adaptación de los edificios, las mejoras de las redes de transporte y la digitalización y el refuerzo de las de distribución.

Se retrasará la protección de los más vulnerables ante los vaivenes del precio de los combustibles fósiles, se dejarán de lado las aplicaciones de la Ley de Restauración de la Naturaleza o las soluciones contra las fugas de metano, entre otras decenas de temas de crucial importancia.

Desde la PEC que defendemos y proponemos, todas estas medidas, ya contenidas en diferentes herramientas legislativas, tienen que potenciarse bajo el marco de una mirada común, justa, pacífica y de largo plazo.

Votar por la Europa que queremos es más importante que nunca.

Hacer una demostración de fuerza no consiste en dopar el músculo bélico en las fronteras, sino en identificar los riesgos sociales reales para proteger a la ciudadanía y, siempre, de abajo a arriba, priorizando a los que tienen menos frente a los que más tienen.

 

 

(*) Ismael Morales es responsable de políticas climáticas de la Fundación Renovables.

 

 

 

 

Creadores de Opinión Verde #CDO es un blog colectivo coordinado por Arturo Larena, director de EFEverde

Esta tribuna puede reproducirse libremente citando a sus autores y a EFEverde.

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