Luis Lidón
Viena.- La lucha contra el cambio climático necesita una ingente cantidad de dinero, pero los países siguen enfrascados en el debate sobre quién debe pagar, cuánto debe aportar cada uno y cómo acceder a los recursos.
La financiación climática será uno de los grandes asuntos de la cumbre climática de la ONU (COP31) que comienza el próximo lunes en Antalya (Turquía). Estas son las claves para entender lo que está en juego.
¿Qué es la financiación climática?
Es el dinero destinado a combatir el cambio climático y afrontar sus consecuencias. Puede proceder de gobiernos, bancos de desarrollo o inversores privados, y adoptar la forma de subvenciones, préstamos (ya sea en condiciones favorables o no), garantías e inversiones.
No existe una definición universal de qué se debe contabilizar como financiación climática. Así, un préstamo a un país pobre puede tener esa etiqueta aunque deba devolverse con intereses de mercado.
Mitigación, adaptación y pérdidas y daños
Son los tres grandes ámbitos de la financiación climática y responden a conceptos distintos. La mitigación busca reducir las emisiones que causan el calentamiento y, por ejemplo, incluye la inversión en energías renovables o en electrificar el transporte.
La adaptación consiste en inversiones para afrontar las consecuencias de un clima más extremo, como defensas contra inundaciones, cultivos resistentes a las sequías o un sistema de aire acondicionado en un hospital para hacer frente a las olas de calor.
Las pérdidas y daños abordan las consecuencias que no han podido evitarse, como viviendas destruidas por huracanes o cultivos anegados por una inundación.
La distinción entre estos tres conceptos es importante porque una planta eólica puede generar ingresos para devolver un préstamo, mientras que un sistema de alerta por inundaciones salva vidas pero no produce beneficios económicos y, por lo tanto, no atrae inversiones.
¿Cuánto dinero han prometido los países ricos?
La historia de la financiación climática puede resumirse en tres cifras: 100.000 millones, 300.000 millones y 1,3 billones de dólares.
En 2009, los países desarrollados prometieron movilizar 100.000 millones de dólares anuales a partir de 2020 para ayudar a las economías en desarrollo. El objetivo se alcanzó por primera vez en 2022.
En la COP29 de Bakú, en 2024, se acordó elevar esa meta a 300.000 millones anuales para 2035, y después se planteó movilizar 1,3 billones para ese mismo año, sumando todos los recursos, tanto públicos como privados.
El Acuerdo de París establece que los países ricos deben conceder financiación a los países en desarrollo, pero las economías industrializadas quieren ampliar la base de contribuyentes para incluir a China y a las petromonarquías del Golfo Pérsico.
Otro problema es que dos tercios de la financiación climática pública proporcionada en 2024 se concedió mediante préstamos, según datos de la OCDE, y no todos los países tienen capacidad para endeudarse más. Las subvenciones a fondo perdido sí tuvieron mayor peso entre los países de renta más baja.
¿Cuánto dinero se ha aportado?
Según la OCDE, los países desarrollados movilizaron casi 137.000 millones de dólares en 2024, el último año con datos completos, por encima del antiguo compromiso de 100.000 millones, pero menos de la mitad del nuevo objetivo para 2035.
La mayor parte de los recursos se destina a reducir emisiones, mientras que la adaptación recibe menos financiación porque proporciona menos rentabilidad.
Según la ONU, los países en desarrollo necesitarán hasta 365.000 millones de dólares anuales para adaptación en 2035, frente a los apenas 26.000 millones de financiación pública internacional recibidos en 2023, 2.000 millones menos que en 2022.
La COP26 de Glasgow acordó en 2021 duplicar esos fondos hasta 2025, mientras que la COP30 de Belém impulsó triplicarlos para 2035, aunque sin fijar una base de referencia precisa, lo que dificulta evaluar si el objetivo se cumple.
Pérdidas y daños
Tras décadas de reclamaciones de los países más vulnerables, la COP27 de Egipto acordó en 2022 crear un fondo para afrontar los daños causados por la crisis climática, aunque por ahora son solo contribuciones voluntarias.
Hasta marzo de 2026 acumulaba compromisos por unos 822 millones de dólares, una cantidad muy modesta. El pasado octubre se aprobó una primera asignación de casi 22 millones de dólares para Nepal, después de las devastadoras inundaciones que dejaron unos 1.500 muertos en agosto. El dinero todavía no ha sido desembolsado.
Facilitar el acceso a los recursos es precisamente una de las principales demandas de los países en desarrollo, que también reclaman un mayor compromiso de los grandes emisores históricos.
¿Qué se espera de la COP31 de Antalya?
Los países en desarrollo reclamarán simplificar y agilizar el acceso a la financiación climática, repartida entre un complejo sudoku de fondos, organismos y mecanismos plagados de siglas y trámites burocráticos.
También exigirán garantías sobre los 300.000 millones de dólares anuales comprometidos para 2035, más ayudas y préstamos baratos para adaptación y medidas para atraer inversión privada. EFE
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La entrada El sudoku del dinero climático: promesas y facturas pendientes para la COP31 de Antalya se publicó primero en EFE Verde.