Mari Navas
Madrid.- Transportan combustibles fósiles de forma opaca y se han convertido, en ocasiones, en objetivo de guerra. Las conocidas como flotas fantasma son, ante todo, «una bomba climática» por el peligro que suponen para el medio ambiente, debido al riesgo de vertidos o incluso de que exploten en mitad de alta mar.
Las flotas fantasma -del inglés shadow fleet– son petroleros o metaneros que aprovechan las lagunas del derecho marítimo internacional para facilitar la explotación de hidrocarburos de los Estados sometidos a sanciones internacionales, según ha explicado a EFE Verde el doctor en Marina Civil Rafael Muñoz.
Un fenómeno que no es nuevo, pero que se ha puesto en relieve en los últimos meses, con accidentes asociados a esta flota como la mancha de fuel de unos 40 kilómetros de largo en la costa rusa del mar Negro o el metanero Arctic Metagaz, que se encuentra a la deriva en aguas libias.
Un peligro medioambiental
Porque es precisamente el peligro ambiental «la principal amenaza del fenómeno de la flota fantasma», palabras de Muñoz, que define este fenómeno como «la peor cepa del transporte de hidrocarburos por vía marítima».
Según explica, este fenómeno opera dentro de un entramado jurídico y comercial que le permite navegar formalmente dentro del sistema legal vigente pero que, en la práctica, es «un marco administrativo falso», lo que supone que no va a responder en caso de accidente medioambiental.
«Seré muy claro, el país que tenga un accidente medioambiental con un dark fleet duro, no cobrará un dólar en indemnización por parte del buque», afirma Muñoz, quien explica que no se dará con el armador real, ya que estará «oculto tras un aparataje de empresas pantallas y fideicomisarias en estados archipelágicos poco colaboradores».
A ello, el investigador principal y director del Programa Energía y Clima del Real Instituto Elcano, Gonzalo Escribano, suma el hecho de que se tratan de buques «normalmente muy viejos» y «muchos de ellos monocasco», cuando la legislación europea obliga a que tengan doble casco tras el accidente del Prestige.
Además, estos buques hacen transbordos de barco a barco, en muchos casos cerca de las costas españolas, lo que conlleva riesgo de vertido si no se controlan bien.
Según el portavoz de Greenpeace Francisco Del Pozo, los daños de esta flota podrían ser «tremendamente graves», que podrían causar un Prestige incluso «más grande», y clasifica como «bomba climática» aquellos que transportan gas licuado, de los que considera que se habla menos.
La organización ecologista publicó en febrero ocho simulaciones en las que se observan los efectos medioambientales de eventuales vertidos de petróleo en el mar Báltico, que podrían amenazar en cuestión de horas reservas naturales de las costas del norte y noreste de Europa.
Objetivo de guerra
Todo ello en un contexto de guerra en el que Ucrania ha llevado acciones ofensivas contra mercantes rusos, en especial en el Mar Negro, donde, según Escribano, «están tirando a todo», sean buques sancionados o no, por lo que existe «el riesgo de vertido o incluso de que alguno explote».
Para Muñoz, la guerra se está situando «en una nueva era, muy gris, de enfrentamiento en el mar», con el riesgo que esto puede conllevar: «Un día puede haber un error de cálculo, y atacar un petrolero cargado, que genere una marea negra en aguas de algún socio OTAN, principalmente en aguas turcas o griegas».
En su opinión, «Kiev no se atreve aún» a atacar estos buques en el Báltico o Mar Norte, pero sí que lo habría hecho presuntamente en el Mediterráneo, con el caso del Artic Metagaz.
En el caso del cierre del Estrecho de Ormuz, el experto considera que estos buques no serán atacados por Irán, ya que son de su interés, pero sí los podría utilizar «bajo un ataque de falsa bandera, como señal para mantener el miedo en la comunidad internacional de armadores y alargar el bloqueo a la navegación en Ormuz».
De hecho, en este conflicto, desde Greenpeace señalan que el problema no es solo la flota fantasma, sino todos los petroleros varados en el golfo Pérsico que se estiman que transportan más de 15 millones de toneladas de petróleo.
«El riesgo de que alguno de esos petroleros sea dañados es muy muy grande con lo cual, el riesgo de marea negra es espectacular», ha afirmado Del Pozo.
Reducir la dependencia del petróleo
Ante esta situación, el portavoz de Greenpeace cree que la medida fundamental «es reducir la dependencia del petróleo» y acelerar la transición energética, al tiempo que se lleva a cabo el control efectivo para que no se comercialicen combustibles fósiles rusos.
En este sentido, Muñoz se pregunta por qué España no aplica el derecho internacional y apresa a estos buques pese a ser uno de los países más expuestos a su tránsito a través de los corredores marítimos de Finisterre, el Estrecho de Gibraltar y, ocasionalmente, en Canarias.
«Estamos ante una carencia de control activo, no pasivo, y de seguridad, en los espacios marítimos. Más, frente a estos tránsitos potencialmente peligrosos, con la presente coyuntura internacional, y la extensa hemeroteca de mareas negras acontecidas en España», subraya, antes de mencionar de nuevo el caso Prestige.
Las consecuencias de ese caso, por cierto, las conocemos todos: un desastre climático por el que nadie ha pago por un juego de banderas que fue «una precuela del fenómeno actual». EFE Verde
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