• 17/07/2024 19:35

El privilegio de viajar y cómo afecta el turismo masivo a las costas

(origen) Marcos Dominguez Jul 9, 2024 , , , , , , ,
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Marcos Domínguez

Madrid, (EFEverde).- Las playas españolas son el refugio de muchos viajeros que buscan en sus aguas y arenas un lugar en el que descansar después de largos meses de trabajo, un privilegio cuyo disfrute en masa ha provocado un desgaste para la costa y su biodiversidad. 

El asfixiante urbanismo, la contaminación y un cambio climático cada vez más visible con fenómenos naturales extremos, resaltan que «la situación con el turismo se está llevando a límites insostenibles», señala la bióloga y responsable de campañas de Greenpeace, María José Caballero, durante una entrevista con EFEverde.

Un estado que no sólo afecta a estas zonas límites con mares y océanos, sino que también llega a la sociedad como una amenaza donde se dan «situaciones imposibles» y «que hacen la convivencia muy difícil», sobre todo en cuanto a los precios de las viviendas y la precariedad laboral.

España ha recibido 24 millones de turistas en el primer cuatrimestre del año y han sido las comunidades costeras las que más viajeros han acogido, especialmente Islas Baleares, Canarias, Cataluña y Andalucía. Regiones donde se han llevado a cabo manifestaciones en sus principales ciudades turísticas como Barcelona, Málaga o Cádiz.

«Creo que, por lo menos, merece una reflexión por parte de quienes viajamos», expresa la periodista ambiental y coautora de ‘El mapa de la crisis ambiental en España’ Marta Montojo. El capítulo que ella escribe en el libro, coordinado por Antonio Cerrillo, aborda justo la problemática de las costas.

En él, Montojo reflexiona además sobre la necesidad de cambiar hacia un modelo turístico más respetuoso y no ese «consumo de experiencias rápido para alimentar las redes sociales y la marca personal», dice en una entrevista con EFEverde.

El turismo: ¿un derecho o un privilegio?

Caballero identifica un problema, y es que «los turistas seguimos buscando espacios que sean genuinos», pero no se tienen en cuenta los impactos sociales y ambientales que se producen en estas zonas costeras: como la abusiva edificación y la pérdida de las dunas, por ejemplo.

«Debido a la masificación y el incremento abusivo de los precios se ha deteriorado esa sensación de autenticidad al viajar», donde el marketing y las redes sociales han saturado esta práctica y han fomentado ese modelo de turismo, añade la activista de Greenpeace.

Parte del debate se centra en el concepto de la libertad y el derecho a viajar, pero Montojo advierte que habría que plantearse «si con esa libertad que se está ejerciendo se coarta la libertad del otro para acceder a una vivienda asequible o para poder disfrutar de sus propias playas».

Según la periodista hay un discurso «de la vida nómada» en torno a los viajes que se ceba especialmente con las generaciones más jóvenes, a quienes se enseña una forma de consumo «imperialista», cuyo objetivo es la acumulación de experiencias y que, asimismo, contribuye al deterioro de las costas y a la precariedad.

El urbanismo como devorador de playas

El impulso de la construcción de segundas viviendas, puertos deportivos y edificios en primera línea de playa son algunas amenazas que deterioran estas zonas costeras como consecuencia de la turistificación, una expansión que deteriora esas «líneas de protección» ante fenómenos naturales, resalta el responsable del programa marino en WWF, José Luís García.

En concreto, los sistemas dunares son capaces de disipar la energía que viene del mar y funcionan como una especie de barrera frente a los temporales, sugiere Caballero.

Al urbanizarlo, «lo que estamos haciendo es poner una barrera que impide que la arena que viene del fondo se deposite en forma de dunas, y por otro lado, una pantalla que interfiere con las corrientes de aire e interrumpe la circulación normal en las costas».

«Las playas las utilizamos para nuestro disfrute, pero, en realidad, están concebidas como barreras naturales frente a lo que venga del océano», añade la bióloga de Greenpeace.

Desde las organizaciones ecologistas piden por ello que no se «califique ni un sólo metro más»; y que las administraciones locales dejen de tratar las costas como si fueran «la gallina de los huevos de oro», además de apostar por una gestión responsable del litoral frente al cortoplacismo «miope» de muchas entidades.

El coste para la biodiversidad

El creciente urbanismo afecta en gran medida a las especies que habitan en estas zonas costeras, como es el caso de las praderas de posidonia, unas plantas marinas endémicas del Mediterráneo que «tienen un papel muy relevante para la captación de CO2», argumenta García.

La construcción de nuevas viviendas y puertos deportivos está destruyendo sus hábitats. «Todo ello va haciendo que empeore la calidad del agua y de las playas en su conjunto», agrega.

García propone intentar regenerar los espacios deteriorados de una forma natural y dejar de «artificializarlos». Habla, por ejemplo, de playas que están «muertas y que no tienen apenas vida». Así, en aquellas zonas donde aun existen playas casi vírgenes o menos urbanizadas habría que reducir al mínimo la construcción de infraestructuras, sugiere. EFEverde

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Artículo de Marcos Dominguez publicado en https://efeverde.com/privilegio-viajar-afecta-turismo-masivo-costas/