• 15/07/2024 08:15

El poder emancipador de la inversión de impacto. Por (*) María Ángeles León

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Además de rentabilidad, la mayor parte de los grandes patrimonios persiguen algo tan intangible y a la vez tan real como dejar un legado. Esa posibilidad de trascender gracias a una idea emancipadora de la inversión la he visto como una constante a lo largo de toda mi carrera.

Ahora que estoy al frente de una gestora de fondos de impacto, tengo la certeza de que esta es la mejor forma de lograr rentabilidad y legado sin sacrificar ninguno en aras del otro.

Muchas veces me preguntan dónde está la magia para lograr impacto y a la vez rentabilidad, y no hay ninguna magia: los capitales invertidos en impacto, mientras impulsan el crecimiento inclusivo y el progreso social, logran un retorno positivo que suele sorprender a los inversores.

Muchos llegan por el impacto, por el legado, por los valores familiares, por hacer el bien y sentirse mejor con sus inversiones… pero al final se quedan por la rentabilidad, y así lo estamos demostrando día a día.

Los primeros en llegar a estos fondos de impacto tenemos una gran responsabilidad: nuestros resultados, tanto en términos de rentabilidad como de impacto, serán cruciales para dar verdad material y evidencia empírica suficiente para el crecimiento del mercado.

De la filantropía al impacto

En España, «hacer el bien» está tradicionalmente asociado a la filantropía. No estoy en contra de la filantropía, sigue siendo necesaria, pero no es la única forma de ayudar ni la más emancipadora.

¿Qué hace mejor al inversor de impacto respecto al donante, por generoso que sea? Tratar al otro como un igual.

La filantropía a menudo sitúa al donante en una posición paternalista frente al beneficiario, mientras que una relación económica, como la inversión o el préstamo, coloca a ambos participantes al mismo nivel, con derechos y obligaciones, lo cual facilita que ambas partes consigan sus objetivos.

La mayoría de las personas con patrimonio realizan su función social a través de fundaciones. Sin embargo, la inversión de impacto pone a trabajar un dinero «ocioso» que antes solo generaba rentabilidad, permitiendo ahora profundizar también en el impacto positivo en las personas y el medio ambiente.

El concepto de inversión de impacto puede ser difícil de entender, ya que a menudo se perciben la rentabilidad y el impacto como objetivos divergentes.

Sin embargo, es posible lograr una triple rentabilidad: financiera, social y medioambiental. Este es el reto que el sector ya está abordando.

Y lo aborda con una máxima que me gusta defender: para nosotros, a mayor impacto mayor rentabilidad. Lo demuestran las empresas en las que invertimos, donde al estar el impacto ligado a la rentabilidad, cuando mayor es el primero, mayor es la segunda.

No son valores divergentes, al revés: se retroalimentan.

Al final del día, la rentabilidad financiera y social es lo que prevalece, y por eso consideramos vital una buena metodología de medición de impacto que se reporta en KPIs, permitiendo a los inversores conocer el impacto social de su cartera desde el principio sin dejar de mirar de reojo los típicos índices de rentabilidad.

El capital paciente

El antiguo presidente del Banco Mundial, Jim Yong Kim, aseguraba que “los mecanismos que ayudarán a desarrollarse a los países más pobres son los mismos que hacen más ricos a los países ricos”: el ahorro, el emprendimiento y la inversión. El adjetivo «paciente» en este contexto es similar al aplicado a los fondos de Private Equity, cuya duración media es de 10 años, pues cualquier empresa necesita tiempo para desarrollarse.

El «capital paciente» es un término acuñado por Acumen a principios de los 2000. Ellos fueron pioneros en reconocer que la solución a los problemas de la pobreza no residía solo en la filantropía, sino también en el uso de herramientas financieras.

Pero el proceso de atraer a otros inversores hacia la inversión de impacto es lento, y el boca a boca es crucial; si un inversor obtiene rentabilidad y, además, satisface su deseo de contribuir a un mundo mejor, lo cuenta, lo comparte. Entre otras cosas, la inversión de impacto cambia de forma tan potente las ideas preconcebidas que tiene un poder de atracción y réplica significativo.

Así las cosas, me gustaría abogar por un cambio legislativo que favoreciera la inversión de impacto e impulsara su enorme potencial transformador no sólo económicamente sino en el ámbito de las ideas y la política: ofrecer ventajas fiscales para los Fondos de Emprendimiento Social Europeo (FESE) de forma que se equiparasen con las que ya gozan las Sociedades de Capital Riesgo (SCR).

Cuando un país quiere desarrollar un mercado, es importante que la administración apoye en los primeros años hasta que se convierta en una categoría más de inversión.

Este puede ser el gran legado económico, cultural y social que dejemos a las siguientes generaciones.

Es una herramienta poderosa para crear un futuro más inclusivo y sostenible.

Es hora de que los grandes patrimonios abracen esta visión y lideren el cambio hacia un mundo mejor.

 

(*) María Ángeles León es CEO de Global Social Impact Investments.

 

 

 

Creadores de Opinión Verde #CDO es un blog colectivo coordinado por Arturo Larena, director de EFEverde

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