Venir de una isla en el sur de Chile, donde el mar no es una industria: es vida cotidiana, trabajo, alimento y memoria. Crecer en una familia que participa en una cooperativa de pescadores artesanales. Aprender desde muy joven a cultivar ostras, a trabajar con choritos y a entender los ciclos del mar.
Mi historia, como la de muchas mujeres en mi territorio, está profundamente ligada a la acuicultura de pequeña escala y a un conocimiento que se transmite de generación en generación.
Ese mismo conocimiento es el que hemos llevado desde Chile a Barcelona, a la Global Seafood Marketplace. Cómo comitiva chilena, integrada por líderes de pueblos originarios y de la pesca a pequeña escala, no solo fuimos a participar en una feria: abrimos una conversación que muchas veces ha quedado fuera de estos espacios.
La Seafood Expo Global se ha consolidado como uno de los principales espacios donde se proyecta el futuro de la industria pesquera global. Allí se discuten estándares, innovación, eficiencia y mercados. Sin embargo, persiste una dimensión que sigue siendo secundaria: el rol de los territorios y de las comunidades que sostienen los ecosistemas marinos.
Desde Chile, nuestra participación busca aportar a ese debate desde una perspectiva estratégica. No se trata de tensionar a la industria, sino de evidenciar que su sostenibilidad en el tiempo depende de integrar otras formas de conocimiento y gestión.
La industria ha avanzado en criterios de sostenibilidad, pero muchas veces desde una lógica técnica. Lo que aún falta es reconocer que los espacios donde opera no son solo áreas productivas, sino territorios habitados. Los conocimientos desarrollados por comunidades costeras no son solo tradición: son sistemas de gestión vigentes.
En Chile, los Espacios Costeros Marinos de Pueblos Originarios (ECMPO) han demostrado que es posible articular conservación, uso productivo y gobernanza territorial. Sin embargo, las modificaciones que actualmente se discuten a la Ley Lafkenche, abren una señal preocupante: en lugar de fortalecer un instrumento que ha contribuido a la sostenibilidad y a la gobernanza territorial, existe el riesgo de debilitarlo en función de urgencias productivas de corto plazo.
Esto no es solo un debate regulatorio. Tiene implicancias directas en la estabilidad de la industria. Por eso, buscamos extender este debate al mundo. Y el espacio que hemos llevado a la Global Seafood Marketplace de Barcelona no es un stand tradicional. Es una invitación a detenerse, a sentarse y a conversar.
Queremos que quienes toman decisiones en la industria escuchen estas experiencias. Que entiendan que detrás de cada producto hay territorios, personas y formas de vida. Que sus decisiones tienen impactos reales.
Pero también queremos mostrar que aquí hay una oportunidad.

Integrar los conocimientos ancestrales de las comunidades no es solo una cuestión de justicia.
Es una estrategia para la sostenibilidad real del sector. Permite asegurar continuidad, trazabilidad y calidad en el tiempo. Es, también, una decisión inteligente desde el punto de vista económico.
El océano no es infinito. Y necesitamos nuevas formas de relacionarnos con él.
Desde nuestros territorios, eso ya está ocurriendo.
La pregunta es si la industria global ¿está dispuesta a escuchar?
Yohana Coñuecar Llancapani es dirigente mapuche williche de la isla Llanchid, comuna de Hualaihué.
Esta tribuna puede reproducirse libremente citando a sus autores y a EFE Verde.
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Este blog de «influencers verdes» fue creado por Arturo Larena y ha sido finalista en los Premios Orange de Periodismo y Sostenibilidad 2023 en la categoría de «nuevos formatos».
La entrada El océano también tiene memoria: lo que llevamos desde nuestros territorios a la Global Seafood Marketplace. Por Yohana Coñuecar Llancapani se publicó primero en EFE Verde.