Julia Rodríguez Alcocer
Madrid.- Los campos de fútbol de césped artificial afrontan una transformación ante la restricción europea a los microplásticos, que impedirá desde el 31 de octubre de 2031 poner en el mercado el relleno granular sujeto a la normativa, utilizado habitualmente en estas superficies deportivas, aunque los campos que ya lo tienen instalado no tendrán que retirarlo automáticamente.
Así lo ha explicado a EFE Verde el profesor e investigador de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM) y corresponsable del grupo IGOID, Jorge García-Unanue, quien señala que el cambio afectará especialmente al fútbol y al rugby, los deportes en los que este tipo de relleno está más extendido.
La restricción procede del Reglamento europeo 2023/2055, que limita las micropartículas de polímeros sintéticos añadidas intencionadamente a determinados productos. La Comisión Europa (CE) identificó el relleno granular utilizado en superficies deportivas sintéticas como una de las principales fuentes de emisión de microplásticos añadidos intencionadamente al medio ambiente.
No se prohíbe el césped artificial
García-Unanue ha subrayado que «no se prohíbe el caucho», sino los materiales que entren en la definición de micropartículas de polímeros sintéticos establecida por la normativa.
En España, según el investigador, la gran mayoría de los campos que utilizan este tipo de relleno recurren a caucho procedente de neumáticos reciclados y triturados, debido a sus características técnicas y a su bajo coste.
El caucho se ha extendido porque ofrece «unas prestaciones muy estables», es elástico y presenta buenas propiedades mecánicas además de contribuir a la reutilización de neumáticos fuera de uso, ha explicado.
Por ello, el cambio supone un reto para un sector con un elevado número de instalaciones deportivas y obliga a buscar alternativas que mantengan una condiciones adecuadas de seguridad, durabilidad y rendimiento.

Corcho, maíz, coco o hueso de aceituna
Entre las alternativas que ya se están utilizando o probando se encuentran los rellenos de origen vegetal, como el corcho, la fibra de coco, el maíz, las virutas de madera o el hueso de aceituna.
Su principal ventaja es que, al tratarse de materiales vegetales que no contienen las micropartículas de polímeros sintéticos afectadas por la restricción, pueden sustituir al caucho sin tener que cambiar completamente la tecnología del campo.
Sin embargo, también presentan inconvenientes. Según García-Unanue, estos materiales pueden resultar más difíciles de mantener, ya que algunos pueden ser arrastrados por el agua o desplazarse fuera de la superficie, por lo que requieren una gestión diferente a la que hasta ahora se ha aplicado a los campos de caucho.
«Hay que concienciar a los usuarios y al entorno deportivo» de que se trata de una transición hacia nuevas superficies y de que los gestores deberán aprender a mantenerlas adecuadamente, ha señalado.
Campos sin relleno o con arena
Otra de las vías que está ganando presencia es modificar directamente la tecnología del césped para prescindir del relleno granular.
Existen sistemas denominados non-fill (sin relleno), que no utilizan relleno, y otros que emplean únicamente un relleno mineral, como la arena, para estabilizar la superficie y aportar determinadas propiedades.
Estas soluciones, ha explicado el investigador, están cada vez más extendidas y permiten evitar directamente el problema asociado a los rellenos de micropartículas de polímeros sintéticos.
No obstante, García-Unanue ha descartado que vaya a existir una única alternativa válida para todos los campos. Las condiciones climáticas, el uso de la instalación, las características del terreno y los recursos económicos determinan qué solución resulta más adecuada en cada caso.
«En general nunca va a haber una solución que sea mejor que las demás», ha apuntado, ya que una alternativa puede funcional mejor en unas condiciones y otra en un entorno diferente.

Contener las partículas también es una opción
El cambio de material no es, además, la única estrategia posible para reducir la contaminación.
El investigador ha destacado la existencia de sistemas de contención destinados a evitar que el relleno abandone el terreno de juego y llegue al medio ambiente. Se trata de medidas que pueden aplicarse tanto a los campos actuales como a los nuevos sistemas.
Entre ellas, cita la instalación de filtros en las canaletas de desagüe, capaces de recuperar el material arrastrado por el agua para volver a utilizarlo, o el diseño de cerramientos que impidan que el caucho salga hacia las gradas.
«Son cosas muy sencillas que no requieren hacer milagros», ha explicado, y añade que un buen mantenimiento y estas medidas podrían reducir de forma importante la pérdida de material.
La normativa europea no incorporó finalmente estas estrategias como alternativa a la restricción pero, según García-Unanue, siguen siendo una herramienta útil para reducir la liberación de partículas de los campos que todavía utilizan caucho.
El propio césped también contiene plástico
El debate no termina con el relleno. Las fibras del propio césped artificial están fabricadas con materiales plásticos, principalmente polietileno, y su desgaste puede liberar partículas.
García-Unanue ha considerado que esta cuestión debe abordarse desde una perspectiva de riesgo y beneficio y destaca que el desgaste de estas fibras es relativamente reducido y puede controlarse mediante sistemas de mantenimiento, limpieza, aspiración y filtrado.
Por ello, rechaza que la presencia de plástico en las fibras convierta por sí misma al césped artificial en un problema ambiental: «No sería lógico a día de hoy poner en duda un campo porque los hilos sean de plástico».
A su juicio, el objetivo debe ser mejorar el diseño y, sobre todo, la gestión y el mantenimiento de las instalaciones.
Una transición con muchas soluciones
El investigador prevé que durante los próximos años aumente la variedad de superficies deportivas: campos con rellenos vegetales, instalaciones sin relleno, sistemas con arena y otras soluciones que todavía están en desarrollo.
«Va a haber muchas más variabilidad de tipos de superficies y esto va a durar bastantes años», ha predicho.
De hecho, García-Unanue ha asegurado que en España ya se están construyendo semanalmente nuevos campos son sistemas alternativos al caucho y que algunas administraciones están incluso adelantando la transición mediante requisitos vinculados a las subvenciones para instalaciones deportivas.
Para el investigador, el cambio no debería interpretarse como el final del césped artificial, sino como una transformación del modelo de diseño, instalación y mantenimiento de estas superficies deportivas.
«El césped artificial es una superficie que da mucho más beneficios que problemas», ha concluido, aunque considera necesario que las administraciones y los gestores conozcan las nuevas exigencias y aprendan a gestionar adecuadamente las instalaciones.
jra/mnc
¿Quieres ayudarnos?
Y si aún no lo recibes, te puedes sumar a nuestra lista de correo aquí
Síguenos en Bluesky
Síguenos en X
La entrada El césped artificial busca alternativas al caucho ante la restricción europea de microplásticos se publicó primero en EFE Verde.