Alrededor de dos tercios de la selva amazónica podrían transformarse en bosques degradados o ecosistemas similares a la sabana si no se frena la deforestación que la hace más vulnerable al cambio climático al reducir su capacidad para generar sus propias precipitaciones, según un estudio del Instituto Potsdam para la Investigación del Impacto Climático (PIK).
Publicado en la revista Nature, el estudio ofrece la cuantificación más detallada hasta la fecha de cómo calentamiento y deforestación afectan simultáneamente a la estabilidad de la Amazonía, según sus responsables.
Se calcula que ya se ha perdido entre el 17 y el 18 % de la Amazonía y, según la investigación, si la tasa de deforestación sube a entre el 22 y el 28 %, dos tercios de la región dejarán de ser selva con un calentamiento global de entre 1,5 y 1,9 °C (el Acuerdo de París persigue que el calentamiento no supere los 1,5/2 grados a finales de siglo).
Por contra, si la deforestación no aumenta, es probable que esa transformación a gran escala sólo se produzca con niveles de calentamiento mucho más elevados, de entre 3,7 y 4°C.
Resta resiliencia
«La deforestación hace que la Amazonía sea mucho menos resiliente de lo que habíamos previsto anteriormente. Reseca la atmósfera y debilita la propia generación de precipitaciones», según el científico del PIK y autor principal del estudio, Nico Wunderling.
Calentamiento y deforestación unidos afectan a los mecanismos de retroalimentación de las precipitaciones en todo el sistema amazónico.
Así, cuando la deforestación interrumpe el transporte de humedad en una zona, regiones enteras situadas a cientos o, incluso, miles de kilómetros también pueden perder resiliencia debido a los efectos en cadena de la sequía, ha apuntado Arie Staal, profesor adjunto de la Universidad de Utrecht (Países Bajos) y coautor del estudio.
La Amazonía es capaz de generar parte de sus propias precipitaciones gracias a la cantidad de vegetación que alberga, según los expertos, que subrayan que hasta la mitad de esas lluvias provienen del agua reciclada por los propios árboles, que liberan vapor de agua a la atmósfera que posteriormente cae en forma de lluvia sobre la cuenca del Amazonas.
Sin embargo, cuando se pierde la selva tropical, cuando se deforesta, ese reciclaje de humedad se debilita, aumenta el estrés por sequía y otras regiones forestales se vuelven más vulnerables a la degradación.
A tiempo de evitar consecuencias en todo el planeta
Los invetigadores defienden que detener la deforestación y restaurar la cubierta forestal podría reforzar sustancialmente la resiliencia de la Amazonía ante el calentamiento.
Hasta ahora, la selva amazónica ha desempeñado un papel fundamental en la estabilización del sistema terrestre como sumidero de carbono, regulador del ciclo del agua y hogar de la biodiversidad terrestre más rica del planeta.
La deforestación continuada está socavando esta estabilidad, lo que acerca al bosque a un punto de inflexión. Sobrepasarlo no solo sería devastador para la región, sino que podría tener consecuencias de gran alcance para todo el planeta, ha afirmado el director del PIK y coator del estudio Johan Rockström.
Sin embargo, ha subrayado, estos cambios no son inevitables. Detener la deforestación, junto con la restauración ecológica de los bosques degradados y una rápida reducción de las emisiones, aún puede reducir los riesgos, ha aseverado el director del PIK. EFEverde
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