Madrid.- La falta de agua que actualmente padece el Reino Unido, con restricciones que afectan a 27 millones de personas en el verano más caluroso desde que hay registros, recuerda a un episodio insólito de hace 50 años, cuando la sequía tuvo en ese país su propio Ministerio.
Denis Howell (1923-1998) fue un político laborista que pasó a la historia de la acción climática por haberse convertido el 24 de agosto de 1976 en el primer y único ministro de Sequía del que se tienen noticias.
El Reino Unido atravesaba en aquel momento la peor racha seca en 250 años, tras una sucesión de meses con las precipitaciones propias de un clima semiárido y bajo una ola de calor excepcional.
Howell, que en su juventud fue árbitro profesional de fútbol, se afilió al partido laborista en 1942. Fue concejal en su Birmingham natal y miembro del Parlamento hasta que en 1964 entró a formar parte del gabinete de Harold Wilson como ministro de Deportes.
En el tórrido verano de 1976, Howell estaba al frente del Departamento de Medioambiente en el Gobierno de James Callaghan
En sus entretenidas memorias, ‘Made in Birmingham’, cuenta que pasaba las vacaciones con su familia en Goodrington Sands, en un pequeño hotel donde les pidieron que no usaran la bañera por falta de agua. Allí recibió una llamada de Callaghan, que le dijo que el problema de la sequía era grave y que en algunas partes del país solo quedaba suministro para 35 días.
El primer ministro le pidió que se hiciera cargo de la situación y a la semana siguiente fue nombrado ministro de Sequía.
Howell se encontró con una situación «crítica» y estableció las prioridades para el suministro de agua: primero las personas, sobre todo los bebés, y después el ganado y los usos agrícolas.
Elaboró un plan de acción inmediata basado en la creación de centros regionales de emergencia, diseñó un programa para el traslado de agua de unas zonas a otras y fue objeto de bromas por fomentar el ahorro con la recomendación de que las parejas, como hacía él con su esposa, se ducharan a la vez.
Viajó por las zonas más afectadas. Contempló los embalses vacíos de Devon y Cornualles y propuso transportar agua a Plymouth por carretera, en tren o por barco a través de canales.
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«La decisión más drástica que se tomó en ese viaje fue la de invertir el flujo del río Ouse, lo que se logró represándolo y dejando que fluyera hacia atrás. Esto demostró ser un éxito», recuerda el ministro en sus memorias.
Pero las medidas requerían tiempo y el agua para consumo humano se agotaba.
La naturaleza llegó entonces al auxilio del gobierno británico y de los ciudadanos, cuando menos se esperaba.
«Pasamos otros diez días sin lluvia y en el West Country nos quedaba agua para 25 días. La situación se estaba volviendo desesperada en partes de Yorkshire y se organizó que yo viajara allí para la apertura ceremonial de una toma de agua pública en una urbanización, el único suministro de agua disponible para los residentes», relata Howell.
«En el momento en que abrí la llave de paso, empezó a llover». Fueron unas pocas gotas al principio, cuenta el ministro, pero pronto se vieron «inundados» y la ceremonia tuvo que continuar bajo la lluvia.
«Mis llamamientos para ahorrar agua, pronunciados mientras permanecía de pie bajo la lluvia torrencial, resultaban divertidos pero eran necesarios. Habíamos superado una crisis mucho más grave de lo que la gente imaginaba. Sin embargo, las medidas de emergencia no necesitaron ponerse en funcionamiento, por lo que nunca pudimos probar la eficiencia de un sistema de tuberías de doble línea instalado en el carril rápido de la autopista M5», indica.
Llovió sin parar durante días. La tierra, «dura como una roca», fue incapaz de absorber la intensa lluvia y llegaron los desbordamientos. Howell fue bautizado como ‘el ministro de las inundaciones’ y volvió a ser blanco de las bromas.
De aquella breve experiencia como ministro de Sequía obtuvo una valiosa enseñanza: «Me convencí de que el país necesitaba una red nacional (de agua) similar a la que funciona para el gas y la electricidad (…). No hay escasez de agua en absoluto en Gran Bretaña; el problema es transportarla desde las zonas de abundancia hacia las zonas de escasez. En la práctica, eso significa del norte al sur y del oeste al este».
El exárbitro de fútbol volvió a centrarse tras aquel episodio en la política deportiva y presidió la candidatura olímpica de Birmingham para los Juegos de 1992, que finalmente fueron adjudicados a Barcelona.
Howell murió a los 74 años de un ataque al corazón mientras participaba en una cena a beneficio del Museo Nacional de la Motocicleta, en Bickenhill. EFE
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