• 15/06/2024 23:01

Ciencia y tecnología, base para el futuro del campo europeo. Por (*) Manuel Fuertes (Kiatt)

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Por Manuel Fuertes, CEO de Kiatt

Las protestas iniciadas por los agricultores franceses se propagaron por Europa rápidas como el fuego, y llegaron a España con la misma intensidad. Las tractoradas llegaron a nuestro país para levantar la voz del campo ante la crisis del sector y las políticas agrarias de la Unión Europea. Aunque parece que el volumen de protestas se ha minimizado, o al menos han bajado el volumen, el problema del campo europeo continúa.

Los agricultores demandan un plan de choque regional, nacional y europeo que simplifique la burocracia y mejore sus condiciones respecto a los precios, costes de producción y simplificación de la PAC .

Entre las reivindicaciones de los agricultores están acabar con la competencia desleal de terceros países y revisar los acuerdos comerciales internacionales, que recuperen la preferencia comunitaria para recuperar y garantizar la soberanía alimentaria. Un ejemplo de cómo hemos perdido la soberanía alimentaria lo encontramos si retrocedemos unos años y revisamos la balanza comercial agroalimentaria de España en 2021, antes de que comenzase el conflicto entre Rusia y Ucrania.

De hecho, y según los datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, España importó un total de 4,7 millones de toneladas de maíz y 3,6 millones de toneladas de trigo en el primer semestre de 2021. Las estimaciones indican que el 30% del maíz y el 40% del trigo proceden de Rusia y Ucrania. ¿Pero por qué lo compramos fuera? Por su calidad, por su precio y por la falta de producción en nuestro país para dar respuesta a la demanda interna, que se ha visto acentuada por la pandemia.

Regular la actividad agrícola y ganadera es positivo y necesario, pero ante el movimiento agrícola, los órganos reguladores deben escuchar a sus profesionales y tomar conciencia de que el marco normativo no es suficiente si no va acompañado de alternativas científico-tecnológicas que garanticen un entorno favorable y permita a nuestro sector primario ser competitivo en un mundo globalizado. Deben impulsar una transición que el campo ya está realizando, propiciando soluciones agrotecnológicas que den una alternativa a las limitaciones que propone el marco legal y se adapten a las peculiaridades del sector en cada país. No es posible establecer una ley o solución one size para todos.

La tecnología dedicada a la optimización de los procesos agrícolas ayuda a obtener mejores resultados cualitativos y cuantitativos, al tiempo que se reduce el impacto ambiental y se adoptan prácticas más sostenibles aún. Y estas tecnologías permiten desarrollar proyectos de agricultura de precisión, o diversificar cultivos. El uso de drones y sensórica impulsa el aumento de la eficiencia de los recursos y ofrece datos específicos sobre el terreno, que pueden aprovecharse para sacar el máximo rendimiento a las explotaciones. Un ejemplo puede ser la solución de siembra de dosis variable de John Deere. Con ella, se aumenta la producción, se reducen costes y se da una respuesta adecuada y proporcionada a la disminución de precipitaciones, sacando el máximo rendimiento al agua disponible en cada situación.

Otro ejemplo es Constellr, desarrollador de infraestructuras espaciales diseñadas para medir el agua, la temperatura y el carbono, que permiten conocer la salud de la vegetación y el suelo. Este tipo de proyectos tienen como objetivo aplicar la tecnología de forma sostenible en el entorno agrícola. El gran interés que están despertando en el campo hace que una empresa como Constellr, que todavía se encuentra en fase semilla, ya haya conseguido fondos por valor de 30 millones de euros.

Por otro lado, la agricultura regenerativa aporta un enfoque diferencial, ya que se centra en la restauración del suelo y en la mejora de la salud, la biodiversidad y el ciclo del agua. Se centra en crear sistemas agrícolas sostenibles beneficios para el planeta. En esta práctica se utilizan técnicas como la rotación de cultivos, la siembra directa, la integración de animales y la reducción del uso de pesticidas químicos y fertilizantes químicos.

Sus beneficios están más que comprobados y su rentabilidad, también. Así lo confirman la presencia de grandes compañías e inversiones del mismo nivel. Este es el caso de Indigo, un proveedor de microbioma vegetal, que permite aumentar el rendimiento de los cultivos usando una base de datos de microbios genómicos para predecir cuáles son más beneficios para la salud de los cultivos y aplicarlos en forma de recubrimientos de semillas. El proyecto recaudó 250 millones de dólares en una ronda de financiación cerrada después del verano, que sitúan el capital recibido en un total de 1.730 millones de euros, con una valoración de 3.870 millones.

Otra de las medidas a adoptar son los biopesticidas, pesticidas evolucionados que proceden de materiales naturales como animales, plantas, bacterias e incluso minerales. Son un componente importante de las estrategias de gestión de plagas y su `principal objetivo es reducir la dependencia de los plaguicidas químicos sintéticos.

Además de sus múltiples beneficios, los biopesticidas son rentables y el mercado está experimentando un crecimiento sustancial con la aparición de nuevas compañías con una fuerte oferta en bioplaguicidas como Vestaron o Invaio Science . Así lo confirman las previsiones que apuntan que el mercado alcanzará los 21.800 millones de dólares en 2033.

Y, por último, pero no menos importante debemos hablar del secuestro de carbono como una nueva línea de ingresos para los agricultores. La rotación de cultivos que hemos mencionado con anterioridad, la siembra directa y la gestión de residuos orgánicos aumentan el nivel de carbono secuestrado en el suelo. Además de contribuir a la reducción de la cantidad de gases de efecto invernadero, se transforma en una fuente de ingresos adicionales para el agricultor, ya que pueden vender créditos de carbono a empresas que necesitan compensar sus emisiones.

Alrededor de la compra y venta de los créditos de carbono se ha configurado todo un mercado, ya que el objetivo de cero emisiones para el año 2050 requerirá una gran contribución de créditos de carbono y según las previsiones de McKinsey la demanda mundial de créditos de carbono aumenta por 15 para el año 2030 y por 100 para el año 2050.

Igual de interesante que el mercado de los créditos de carbono es la tecnología que rodea a ese mercado y que ayuda a la compra y venta de carbono. Un ejemplo es Yard Stick, una innovadora tecnología que permite monitorizar el secuestro de carbono de una forma rápida y sencilla y entre cuyos socios se encuentran Toyota Ventures, Microsoft Climate Innovation Fund, Lowercarbon Capital y Bill Gates con Breakthrough Energy Ventures.

La ciencia, la tecnología innovadora y la inversión son las únicas respuestas para mejorar ayudar a nuestro campo, que ya de por sí tiene su propia idiosincrasia. España tiene una gran diversidad de climas, condiciones topográficas y edafológicas, por lo que la agricultura de Valencia es completamente distinta a la de Burgos o la Ribeira Sacra. El sector agrario del país necesita ayuda y es el momento de apoyarles, escucharles y ofrecerle soluciones basadas en la evidencia científica antes de imponerles leyes que limiten nuestra soberanía alimentaria.

 

(*) Manuel Fuertes es CEO de Kiatt.

 

 

Fotografía principal: Archivo EFE. EFE/Manuel Ruiz Toribio

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