Ciudad Real.- El Parque Nacional de Cabañeros alberga once poblaciones de abedules, diez de ellas de la variedad parvibracteata, una singularidad botánica de los Montes de Toledo, y otra de la especie Betula pubescens celtiberica, que son auténticas reliquias de la flora septentrional que ha conseguido adaptarse de forma fascinante al clima actual tras el último periodo glaciar.
Así lo ha explicado a EFE el investigador César Sánchez, quien ha ofrecido una conferencia en Ciudad Real sobre los estudios que desarrolló sobre estos bosques durante su etapa investigadora en la Universidad de Castilla-La Mancha.
Sánchez ha señalado que los abedulares de los Montes de Toledo constituyen poblaciones relictas que sobrevivieron al último máximo glaciar en enclaves con condiciones ambientales favorables, principalmente valles y zonas húmedas con orientación norte.
El aislamiento y la adaptación a las condiciones del clima mediterráneo dieron lugar a una variedad propia, denominada parvibracteata, cuyo principal núcleo se encuentra en Cabañeros.
El investigador ha explicado que el parque cuenta con once poblaciones: diez corresponden a la variedad parvibracteata y una, localizada en La Ventilla, a Betula pubescens celtiberica.
Esta última población, según los datos del estudio realizado entre 2003 y 2005, contaba con 809 ejemplares adultos, mientras que las restantes se encuentran mucho más fragmentadas y distribuidas por distintos valles.
Entre las poblaciones de abedul de la variedad parvibracteata, Vallemolino contaba con 224 ejemplares adultos; Piedras Picadas, con 167; y Candilejo, con 137, y otras presentaban cifras inferiores, como Chozuela, con 75; Chorrera de Muelas y Garbazuelo, con 14 cada una; La Chorrera, con 12; Boquerón de Estena, con nueve, y Cabañeros, con ocho.
Ejemplares de abedul en situación crítica
El investigador ha advertido de que el tamaño mínimo viable establecido para poblaciones de árboles y arbustos se sitúa en torno a los cien individuos, y que por debajo de ese umbral muchas de las poblaciones estudiadas se encuentran en una situación crítica, especialmente aquellas con ejemplares adultos envejecidos y escasa presencia de árboles jóvenes que garanticen el relevo generacional.
En este sentido, ha alertado que la mayoría de estas poblaciones presentan un tamaño reducido, aislamiento y dificultades para garantizar su regeneración natural.
Sánchez ha apuntado que uno de los aspectos más importantes del estudio fue los datos relativos a la regeneración de los abedules: «La germinación de las semillas puede alcanzar un éxito natural del 30 %, pero el problema aparece cuando las plántulas deben superar las primeras etapas de crecimiento y llegar al estadio juvenil. La regeneración es muy escasa en la mayoría de los enclaves, con excepciones como Vallemolino y algunas zonas de El Chorro», ha dicho.
Los suelos cenagosos constituyen el microhábitat más favorable para la germinación, al reunir las condiciones de humedad necesarias, sin embargo, también son espacios expuestos a amenazas como el pisoteo y el hozado de los jabalíes, el ramoneo de otros herbívoros y las alteraciones de los cauces y de la disponibilidad de agua.
Ante esta situación, el investigador plantea medidas como instalar pequeños vallados para proteger las zonas de regeneración, colocar protectores individuales en los ejemplares jóvenes y reforzar las poblaciones más debilitadas con plantones obtenidos de semillas de los propios abedulares.
También ve necesario evitar la introducción de abedules de otras procedencias, preservar las condiciones hidrológicas y establecer un seguimiento periódico de cada población con el objetivo final de conservar esta singularidad botánica de los Montes de Toledo y evitar que algunas de sus poblaciones terminen desapareciendo. EFE
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