Ana Tuñas Matilla
Benito Muros, conocido como el creador de la bombilla «eterna», considera que, aunque se han dado pasos para acabar con la obsolescencia programada, esta sigue existiendo y aún queda mucho por hacer porque el sistema sigue pensado para comprar una y otra vez las mismas cosas y ponérselo difícil a los que quieren adquirir productos reparables y duraderos.
En su opinión, aunque ha habido avances, todo está concebido para que no reparemos y para que, simplemente, la gente sustituya una y otra vez productos (como lavadoras, televisores, coches, …) sin importar los residuos que generamos ni los recursos que se consumen, ha explicado Muros en una entrevista con EFE Verde.
Los gobiernos se resisten
Aunque ya no se puede poner en cuestión la existencia de la obsolescencia programada, pues la Unión Europea (UE) la contempla en directivas, junto a medidas como el derecho a reparar, la exigencia de piezas de recambio o la ampliación de garantías, aún queda camino por recorrer «porque seguimos consumiendo muchos productos cuya vida útil podría ser considerablemente mayor».
«Todo el sistema económico actual se basa en que para crecer tenemos que consumir y nos dicen que si no crecemos, no se crean empleos, no hay riqueza (…) pero en un sistema sostenible esto no es así», según Muros, que ha señalado que los primeros que se resisten al cambio son los propios gobiernos.
Cuando compramos un producto nuevo, pagamos IVA. Si un producto nos durara dos veces más, el IVA que recaudan los Estados caería en igual proporción, ha lamentado Muros, que ha insistido en que el sistema está diseñado para que compremos una y otra vez las mismas cosas.
Etiquetas de durabilidad
Si bien cada vez hay más gente concienciada de la necesidad de consumir productos que duren más, la realidad es que cuando hay que desembolsar más dinero por productos sostenibles, reparables o de mayor durabilidad, «ya no somos tan sostenibles» y la gente prefiere productos a precio, lo que, a su juicio, quiere decir que hay que seguir concienciando.
Para Muros, también muestra que al consumidor le falta información sobre la vida útil de los productos antes de decidir cuál comprar, algo que se podría solucionar con la incorporación de etiquetas de durabilidad o reparabilidad, similares a las etiquetas energéticas, que permiten al usuario saber cuánto consume un electrodoméstico y «ahorrar» comprando aquellos más eficientes.
En su día, el empresario trabajó con el Ministerio de Consumo en el diseño de una etiqueta de durabilidad que evaluaba la reparabilidad de un producto del 1 al 10: el 10 indicaba una reparabilidad total y el 1 que era irreparable, ha explicado, tras lamentar que nunca se llegó a poner en marcha.
«En la UE tiramos cada año a la basura 14,5 millones de toneladas de residuos electrónicos y de esa forma, el consumidor estaría mucho más informado para saber qué productos pueden repararse y adquirirlos (…) Ahora, la mayoría, sobre todo los electrónicos, o no se pueden reparar o es muy caro hacerlo porque han puesto medidas para que sea muy difícil», ha denunciado.
En ese sentido, desgraciadamente, la obsolescencia programada sigue existiendo, según Muros, que ha denunciado que, aunque hay empresas que sí han avanzado y han hecho sus productos más reparables, hay otras muchas que siguen sin tomar medidas.

Falta confianza
Por otra parte, también falta trabajar la confianza del consumidor, que, en muchas ocasiones, no compra productos reacondicionados o de segunda mano porque no se fía de su estado.
Por ello, Muros ha puesto en marcha un sistema de verificación (ISSOP Score) centrado, por ahora, en vehículos de ocasión y que informa al consumidor sobre el historial del automóvil (todo lo que se le ha hecho a nivel de mecánica y estructura) y la vida útil que le queda al vehículo a través de un código QR.
«Con la bombilla logré demostrar que se pueden hacer las cosas de otra manera pero veo que falta información para que el consumidor tenga confianza en comprar productos de esta naturaleza», ha afirmado Muros, que en 2012 lanzó al mercado una bombilla que fue bautizada como «eterna» por sus 400.000 horas de vida útil y que utilizan clientes como el Ministerio del Interior (para los centros penitenciarios), la isla de El Hierro o la cadena hotelera Hilton, en Arabia Saudí o Estados Unidos.
«Fabricar así es mucho más caro y, probablemente, esa bombilla nunca será un producto de consumo masivo», según Muros, que por eso ha diseñado otra más asequible y que, además de multiplicar por cinco la vida útil de la media de mercado, cuesta dos veces menos que la más barata de las que se venden actualmente.
Así, si una bombilla LED cuesta de media 3,50 euros y dura entre 2.000 y 3.000 horas, la suya vale entre 1,5 y 2 euros y su vida útil es de unas 30.000 horas, ha apuntado.
EFE Verde
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