A finales de 1854, Londres apestaba, literalmente. El cólera se cebaba con el humilde barrio del Soho y el personal, muy victoriano, seguía convencido de que la enfermedad viajaba por los malos olores, los miasmas. Hasta que apareció un tal John Snow, quien a pesar de su nombre, ni montaba en dragones ni se sentaba […]
Opinión | CDL: El estrecho de Ormuz y la fuerza mayor bajo el derecho de Inglaterra y Gales (y IV)