Natalia García Salguero, abogada penal de familia, socia de AMAFI (Asociación Madrileña de Abogados de Familia e Infancia)

Imaginemos un despacho de derecho de familia ante un caso clásico de discrepancia entre progenitores, con un cliente que recibe un burofax que reclama el cese de la formación religiosa de una menor. Hace apenas tres años, este expediente habría seguido un recorrido predecible, pero hoy, la inteligencia artificial irrumpe en cada fase del trabajo del jurista —desde la primera lectura del documento, hasta la estrategia comercial del despacho— y obliga a replantear cómo entendemos nuestra profesión.
Así comenzó el Seminario «La inteligencia artificial en la abogacía: ¿aliada o riesgo para el jurista?», celebrado el pasado 23 de abril de 2026 por la Asociación Madrileña de Abogados de Familia, Infancia y Sucesiones (AMAFI), donde se abordó esta cuestión con una intencionada finalidad práctica. Coordinado por Doña Marian Moreno Porro, contó con la primera ponencia de Don Juan Carlos Álvarez Cepeda, abogado, socio fundador de Cohaerentis y especialista con más de veinte años de experiencia en derecho tecnológico y legaltech.
Álvarez Cepeda planteó una metodología eminentemente práctica: a partir de un caso real de derecho de familia, ejecutó un mismo prompt en cinco inteligencias artificiales distintas —ChatGPT, Claude, Perplexity, Gemini y Vincent (vLex)— para comparar resultados, y sorprendentemente, la principal conclusión fue precisamente que no existe una IA universalmente mejor, sino herramientas con perfiles distintos. Así, mientras ChatGPT destaca por su creatividad y manejo del lenguaje, Claude lo hace por su capacidad estratégica y de análisis estructurado, mientras que Perplexity destaca por la profundidad de sus investigaciones, con citas de fuentes contrastadas, Gemini permite la integración natural en el ecosistema Google, y Vincent, como IA jurídica especializada, por la fiabilidad de sus referencias y el menor riesgo de alucinaciones.
Entre los conceptos clave que el ponente ayudó a consolidar destacan la diferencia entre chatbot, modelo de lenguaje, prompt, skill y agente. El uso eficiente de la IA exige elegir el modelo adecuado a cada tarea —no se necesita un modelo de razonamiento avanzado para revisar una ortografía— y formular instrucciones precisas. Como recordó el ponente, «es muy importante la respuesta, pero es más importante la pregunta».
Para los abogados de familia en Madrid, la elección de la herramienta no es solo técnica, sino que se convierte en una cuestión de máxima relevancia jurídica. Además, se planteó la especial sensibilidad de la cuestión de la información recibida por los abogados por parte de sus clientes, y su gestión por parte de las plataformas de IA, ya que cuestiones como la protección de datos, la confidencialidad y las transferencias internacionales que siguen esos datos cuando se comparten con la plataforma, obligan al profesional a verificar cuidadosamente los contratos, encargos de tratamiento y garantías de la empresa proveedora de dicha IA. Adicionalmente, se suma el Reglamento (UE) 2024/1689 de Inteligencia Artificial, ya en vigor, que clasifica los sistemas por niveles de riesgo y contempla un régimen sancionador de hasta 35 millones de euros para las infracciones más graves, a lo que conviene recordar, además, que las obligaciones para los sistemas de IA de alto riesgo se aplicarán de forma escalonada en agosto de 2026 y agosto de 2027, por lo que en Europa ya está presente un horizonte regulatorio inmediato que los despachos deben empezar a anticipar.
El ponente mostró además aplicaciones que trascienden la resolución de casos concretos pero que son capaces de aportar herramientas adicionales al jurista que le ahorran tiempo en su labor. NotebookLM, capaz de generar podcasts, vídeos, mapas mentales o tarjetas de memorización a partir de la documentación del expediente, o el uso de skills y plugins en Claude para potenciar tareas específicas, y los agentes de IA, que automatizan flujos de trabajo recurrentes —revisión de convenios, vigilancia normativa o seguimiento de resoluciones— y multiplican la productividad del profesional y el despacho.
El mensaje, sin embargo, fue también una advertencia. La IA no ahorra tiempo: eleva la calidad del trabajo y, con ello, las expectativas del cliente, que no puede olvidarse que previsiblemente, también la utiliza. Por todo ello, quien no incorpore estas herramientas y, sobre todo, quien no sepa aportar valor por encima de ellas, verá comprometida su posición profesional. La autogestión del conocimiento, el sentido crítico ante las alucinaciones y el dominio del marco regulatorio europeo se convierten así en competencias irrenunciables del jurista actual.
Desde AMAFI, asociación de abogados de familia, infancia y sucesiones referente en el ejercicio del derecho de familia en Madrid, reafirmamos nuestro compromiso con la formación continua y con la creación de espacios donde los profesionales del derecho de familia puedan compartir conocimiento práctico y reflexionar sobre los retos del oficio. Encontrarás más actividades, artículos y recursos en www.amafi.es.
En un escenario donde la tecnología avanza más rápido que la norma y donde cada decisión técnica tiene consecuencias jurídicas, la labor del abogado de familia va mucho más allá de aplicar normas, ya que consiste en integrar la inteligencia artificial con criterio ético, conocimiento técnico y sensibilidad humana, garantizando que la innovación sirva siempre a las personas y a sus derechos.
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