La Fuerza Aérea de México realiza simulacro para proteger las sedes del Mundial 2026
La organización de eventos deportivos de talla internacional, como la Copa Mundial de la FIFA 2026, impone desafíos significativos en materia de seguridad.
A poco más de 100 días del inicio del Mundial 2026, la organización enfrenta un foco de tensión que va más allá del fútbol. La situación de seguridad en Guadalajara, una de las ciudades designadas como sede, quedó bajo observación por el contexto de violencia ligado al narcotráfico en el estado de Jalisco.
Aunque el partido inaugural sigue confirmado en el Estadio Azteca, la atención se centra en los encuentros programados en territorio jalisciense.
FIFA
La FIFA no ha eliminado a México como sede del Mundial 2026, sino que ha dado a conocer que mantiene vigilancia de la situación mexicana y que tiene confianza en las autoridades para mantener la seguridad.
Gianni Infantino reafirmó que México seguirá siendo sede del Mundial 2026 y expresó su confianza en el gobierno de Claudia Sheinbaum para garantizar la seguridad del evento.
Además, remarcó que el organismo mantiene contacto constante con las autoridades locales: “Estamos en contacto con la presidencia y con las autoridades y tenemos toda la confianza de que todo va a pasar muy bien. Va a ser una fiesta”.
Si bien no existe una decisión oficial sobre modificar sedes, la posibilidad de ajustes logísticos no está completamente descartada en caso de que el panorama no mejore.
FUERZA AÉREA
Ante este compromiso, las autoridades mexicanas intensificaron el blindaje del territorio mediante ejercicios de vigilancia y control del espacio aéreo. Consciente de la responsabilidad, la Fuerza Aérea Mexicana (FAM) ha intensificado sus protocolos y simulacros.
La Fuerza Aérea Mexicana inició un simulacro denominado ‘Balam’ para blindar el espacio aéreo de la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, mediante ejercicios de vigilancia destinados a neutralizar cualquier amenaza. El código de “Balam”, que evoca la fuerza y agilidad del jaguar.
SIMULACRO
La práctica se llevó a cabo en las ciudades de Mérida y Cozumel, al sur de México, y consistió en sobrevuelos de aeronaves militares para interceptar una nave invasora y todo se desarrolló satisfactoriamente.
La operación involucró a un contingente de nueve aeronaves, cada una con roles específicos en el monitoreo, la interceptación y el apoyo logístico en tierra, evidenciando un enfoque integral en la defensa del espacio aéreo.
El núcleo del ejercicio se centró en la simulación de una aeronave que deliberadamente ignoraba las instrucciones de las autoridades de control de tráfico aéreo. Tras una exitosa persecución y la emisión de órdenes claras, la aeronave “infractora” fue guiada a un aterrizaje forzoso en un aeródromo preestablecido, lo que a su vez desencadenó un plan de contingencia terrestre, simulando un escenario de crisis real.
