• 06/04/2026 12:53

¿Por qué necesitamos tomar suplementos de vitaminas y minerales? La respuesta está en el suelo

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Ana Tuñas Matilla

Cada vez son más las personas que toman minerales o vitaminas, con el magnesio o la vitamina C, en forma de «pastilla» para reducir el cansancio o frenar el envejecimiento porque, según algunos expertos, con la alimentación no basta para obtener estos nutrientes esenciales para nuestra salud. Sin embargo, pocos saben que la respuesta a por qué necesitamos aportes extra está, en gran parte, en el suelo.

La pérdida de vida de los suelos está provocando que el contenido de nutrientes en las plantas sea cada vez menor, lo que ha llevado a la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) acuñar el término de «hambre oculta».

Según los expertos consultados por EFEverde, el hambre oculta se produce porque los alimentos, independientemente de la cantidad que comamos, ya no aportan las cantidades de vitaminas y minerales esenciales que necesitamos para un crecimiento y desarrollo adecuados.

El gran reservorio

El 95 % de todos nuestros alimentos y nutrientes proviene del suelo, el principal reservorio de minerales esenciales, como magnesio, calcio, potasio, fósforo, hiero y zinc, y de micronutrientes que las plantas absorben y transfieren a la dieta humana», ha explicado el consultor de investigación y políticas ambientales en Save Soil, Rico Rau.

Además, un ecosistema de suelo saludable estimula a las plantas a producir compuestos biactivos, como flavonoides, polifenoles o vitamina C, especialmente por la interacción entre raíces y microorganismos.

Un suelo sano también contiene micorrizas arbusculares (hongos beneficiosos) que ayudan a las plantas a absorber antioxidantes únicos, como la ergotioneína, que tiene efectos protectores sobre las células humanas.

Sin embargo, en las últimas décadas se ha producido una disminución significativa en la densidad de nutrientes de los cultivos, con caídas de hasta el 80 % en contenido de magnesio y calcio en las verduras de hoja verde. También ha retrocedido de manera importante el contenido en vitamina C, betacaroteno, hierro o zinc, ha advertido Rau.

Abonos químicos vs orgánicos

Detrás de este desplome están las prácticas agrícolas convencionales, como el monocultivo intensivo con productos químicos, el laboreo excesivo y el uso excesivo de fertilizantes sintéticos, que están dejado a los suelos sin materia orgánica ni diversidad biológica.

Cuando los microorganismos del suelo son destruidos por pesticidas y fertilizantes, las plantas pierden su capacidad de absorber minerales de forma eficaz y de sintetizar vitaminas. Ese deterioro de la calidad del suelo está directamente relacionado con una reducción de la riqueza bioquímica de la dieta humana, según el experto.

Lo que comemos hoy, ha aseverado, es significativamente menos nutritivo que lo que consumían nuestros antepasado y los datos sugieren una fuerte relación entre el agotamiento del suelo y la creciente necesidad de suplementación nutricional.

Para Mariano Bueno, agricultor y divulgador especializado en agricultura ecológica, la causa del empobrecimiento del suelo está en la sustitución de abonos orgánicos y estiércol, por abonos químicos sintéticos.

Los abonos orgánicos son restos de plantas que terminaron su ciclo y se reintegran a la tierra y en ellos están todos los elementos y moléculas químicas que pueden necesitar las nuevas plantas cultivadas.

Suelos anémicos. Agua a precio de fruta

En cambio, si soló añadimos fertilizantes químicos, básicamente nitrógeno, fósforo y potasio (frente a los más de 60 minerales y oligoelementos que existen en un suelo sano), el suelo y las plantas en él cultivadas no disponen de todos los elementos indispensables para su desarrollo y buena salud.

«Estamos cultivando en suelos anémicos. Y si el suelo no los tiene, la planta no los puede absorber, y nosotros no los podemos comer», ha subrayado Bueno.

A modo de ejemplo, ha explicado que si el hierro es el núcleo de nuestra sangre, el magnesio es el núcleo de la «sangre» de las plantas. Sin él no hay clorofila y sin clorofila no hay fotosíntesis, es decir, no hay transformación de la luz solar en energía vital.

Para los seres humanos, el magnesio es el mineral maestro: participa en más de 300 reacciones bioquímicas, desde el latido del corazón hasta la estabilidad de nuestro sistema nervioso y la formación de los huesos. Un alimento pobre en magnesio es un alimento que nos deja biológicamente «apagados», ha lamentado Bueno.

Por otra parte, el uso masivo de fertilizantes químicos, sobre todo nitrógeno, obliga a la planta a absorber muchísima agua para procesar ese exceso de sales.

El resultado: lechugas, tomates o manzanas más grandes y pesados, pero con una concentración de nutrientes esenciales, vitaminas y minerales mucho menor. «Estamos pagando agua a precio de fruta», la subrayado Bueno.

De 133 gramos a 1 kilo de fresas

La pérdida de densidad nutricional de los alimentos se observa desde hace décadas, ha apuntado María Dolores Raigón, doctora en Ingeniería Agrónoma y una de las mayores expertas de España en producción ecológica y en el estudio de la calidad de los alimentos ecológicos frente a los convencionales y su efecto sobre la salud.

La fuente principal de magnesio, por ejemplo, está en los vegetales de hoja verde, que cada vez contienen menos debido, fundamentalmente, a la degradación del suelo. Si en el suelo faltan minerales, la planta no los puede absorber y, además, no puede, por ejemplo, sintetizar vitaminas.

Mientras en 1985, la concentración de vitamina C en las fresas era de 60 miligramos por cada cien gramos de fruta fresca, en 2002 (datos más recientes), esta había caído 8 mg/100 g. Suponiendo que la entrada de vitamina C fuese únicamente vía fresas, en 1985 habríamos tenido que comer 133 gramos para alcanzar esa dosis diaria recomendada, mientras que ahora necesitaríamos ingerir 1 kilo, ha explicado a modo de ejemplo.

Aunque el «hambre oculta» se asocia principalmente a las deficiencias que hay en el suelo, a la pérdida de fertilidad biológica, hay otros factores que están reduciendo la densidad nutricional de los alimentos que están directamente relacionados con la forma en la que nos llegan, ha añadido.

Otros factores: estética y largos trayectos

El segundo factor que influye es la modificación genética de las plantas para hacerlas más atractivas al público, más productivas o más fáciles de manejar por la maquinaria.

Esas variedades han sido desarrolladas en invernadero y cuando se cultivan sin todo el «paquete biotecnológico» que debería acompañarlas (fertilizantes, fitosanitarios, etc…) no llegan a desarrollarse bien y no pueden absorber bien los nutrientes.

El tercer factor está en que ya no consumimos los alimentos en el punto óptimo de maduración, sino que recolectamos las frutas y verduras antes de que lo alcancen, lo que implica que dejan de absorber minerales y de sintetizar componentes activos, como las vitaminas.

La cuarta razón está en las grandes distancias que recorren los alimentos para llegar a nuestra mesa. En el tiempo que transcurre entre que se recolecta y se come, el alimento pierde vitalidad, sobre todo componentes activos y de naturaleza antioxidante.

Solución

La solución, apostar por la agricultura ecológica y por un consumo que respete los ciclos biológicos de las plantas y de proximidad, ha señalado Raigón, quien ha subrayado que se trata de una cuestión de salud y que es mejor la prevención a través de una buena alimentación que la curación a través de la pastilla.

No podemos tener personas sanas en un planeta enfermo con suelos empobrecidos y agotados. Recuperar la densidad nutricional pasa inevitablemente por volver a nutrir la vida del suelo mediante aportes masivos de materia orgánica en descomposición, no laboreos profundos, abonos verdes, acolchados orgánicos, etc, según Bueno.

Además, el consumidor puede recuperar la soberanía alimentaria y nutricional comprando productos ecológicos, de temporada de kilometro 0. EFEverde

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Artículo de Ana Tuñas Matilla publicado en https://efeverde.com/por-que-necesitamos-tomar-suplementos-de-vitaminas-y-minerales-la-respuesta-esta-en-el-suelo/