León (EFE).- La región euro‑mediterránea, uno de los territorios del planeta más vulnerables al calentamiento global, experimentará en las próximas décadas una transformación bioclimática que alterará de forma «profunda y persistente» la distribución de ecosistemas, la disponibilidad de agua y la estructura de sus paisajes.
Así lo concluye un estudio encabezado por el investigador Giovanni‑Breogán Ferreiro‑Lera, de la Universidad de León (ULe) y del Instituto de Ganadería de Montaña (CSIC‑ULE), que acaba de publicarse en la revista científica ‘Earth Systems and Environment’.
La investigación consultada por EFE, en la que participan también los profesores leoneses Ángel Penas y Sara del Río, analiza las proyecciones de 25 modelos climáticos globales de última generación (CMIP6) aplicados de forma específica al mosaico bioclimático del área euro‑mediterránea, que incluye 18 países y más de tres millones de kilómetros cuadrados.
El trabajo combina por primera vez dos sistemas de clasificación climática que raramente se habían utilizado de manera conjunta: el tradicional Köppen‑Geiger, ampliamente empleado en climatología, y el Sistema Bioclimático Mundial de Rivas‑Martínez, considerado más preciso a la hora de evaluar implicaciones ecológicas y cambios en la vegetación.
Mediterraneización, primera de las etapas
Según el estudio, la región se encuentra inmersa en un proceso acelerado que avanzará en tres grandes etapas.
La primera de ellas, ya detectable en la actualidad, consiste en una mediterraneización progresiva: los climas típicamente mediterráneos, con veranos secos y cálidos, tenderán a ocupar regiones que hasta ahora se identificaban como templadas y húmedas.
Ello afectará al norte de España, Francia atlántica, norte de Italia o la franja balcánica, desplazando los bioclimas propios de latitudes medias hacia zonas más septentrionales o de mayor altitud.
A esta fase le seguirá una xerificación generalizada, marcada por un incremento notable del déficit hídrico estival. Incluso bajo escenarios intermedios, amplias zonas de España, Italia, Grecia o Turquía transitarán desde bioclimas mediterráneos húmedos a otros más secos, con menor capacidad de retención de agua en el suelo y un aumento del estrés para la vegetación.
En el caso de la Península Ibérica, los autores señalan que el sur y el sureste serán especialmente vulnerables, con expansiones significativas de condiciones similares a las actuales áreas semiáridas.
La tercera etapa, más acusada bajo los escenarios de emisiones más pesimistas, apunta a un escenario de continentalización y, en algunos casos, de desertificación incipiente.
El interior peninsular, el sur de Italia, Sicilia, partes del Egeo y Chipre podrían registrar un aumento muy acusado de la amplitud térmica anual, con veranos aún más calurosos y secos y episodios invernales más fríos.
En zonas concretas del sur de la Península Ibérica, Cerdeña o Chipre podrían aparecer bioclimas comparables a los desérticos.
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Reorganización climática con efectos ecológicos
Entre las aportaciones metodológicas más destacadas, el equipo leonés ha desarrollado un Ensamblaje Multimodelo basado en algoritmos de bosque aleatorio (RF‑MME), una técnica de inteligencia artificial que permite integrar las simulaciones de los distintos modelos y mejorar su precisión.
Gracias a este enfoque, identifican tres modelos especialmente fiables para el ámbito euro‑mediterráneo: ACCESS‑ESM1‑5, GFDL‑ESM4 y MRI‑ESM2‑0.
Además, presentan una métrica novedosa, denominada Distancia a la Aleatoriedad, que evalúa la capacidad de cada modelo para predecir tipos climáticos y bioclimáticos concretos, detectando puntos fuertes y debilidades que antes pasaban inadvertidos.
Las implicaciones ecológicas de esta reorganización serán profundas.
Los bosques templados caducifolios, como los hayedos, podrían ver reducida de forma drástica su superficie potencial.
Algunas especies mediterráneas emblemáticas, como la encina, ya muestran signos de mortalidad creciente por estrés hídrico, lo que podría favorecer la expansión de matorrales y pastizales más resistentes.
En zonas de montaña, el retroceso de climas fríos comprometerá especies como abetos, pinos de alta montaña o laricios, además de reducir la extensión del bioclima alpino.
Los investigadores subrayan que disponer de proyecciones bioclimáticas sólidas es esencial para anticipar la adaptación en agricultura, conservación de la biodiversidad y ordenación del territorio.
«El arco euro‑mediterráneo se dirige hacia un escenario más cálido, más seco y con mayor variabilidad térmica», advierten. «Comprender cómo, dónde y a qué ritmo se producirán estos cambios es imprescindible para tomar decisiones eficaces en un contexto de creciente vulnerabilidad ambiental», concluyen. EFE
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