Mari Navas
Madrid.- En una situación de vulnerabilidad «por una cuestión meramente de física del clima», España hace frente a un futuro -y un presente- con menos agua por el cambio climático, en el que no solo descenderán las precipitaciones, sino que también se perderá más por evaporación, por lo que los expertos llaman a adaptarse y anticiparse a lo que viene.
Hablar de falta de agua este invierno parece contradictorio, porque ha llovido y, de hecho, ha sido uno de los más húmedos que se recuerdan, con un promedio de 323,2 mililitros, según la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet).
Ha llovido este año, lo que no quiere decir que lo haga en los siguientes. De hecho, los estudios concluyen que España es un país cada vez más árido en el que «ya tenemos menos agua de la que había históricamente», en palabras de la directora ejecutiva de la Fundación Cultura del Agua (FNCA), Julia Martínez, quien considera que el impacto más grave del cambio climático se va a dar en los recursos hídricos.
Según ha explicado a EFEverde con motivo del Día Mundial del Agua, el cambio climático va a reducir las precipitaciones, las va a concentrar en eventos extremos y va a aumentar la transferencia directa de agua a la atmósfera por evaporación y evapotranspiración.
«Todo esto es una tormenta perfecta que va a reducir drásticamente las aportaciones, además de hacerlas más inciertas y más fluctuantes, porque además se van a concentrar en eventos extremos», ha afirmado
Además, ha asegurado que todos estos efectos ya son una realidad: «Ya tenemos menos agua de la que había históricamente. Ya tenemos más variabilidad de la interanual de la que teníamos previamente, ya tenemos más episodios de sequía, tenemos más episodios de inundaciones y tenemos menos aportaciones tanto a ríos como a embalses y acuíferos».
Un futuro de extremos
Una opinión que comparte el investigador de la Universidad Internacional de Valencia (VIO) Daniel Jato, quien considera que va a haber «una tendencia a que haya más extremos», con periodos de sequías y a lluvias a través de eventos «mucho más concentrados y mucho más violentos».
«España está en una situación de vulnerabilidad por una cuestión meramente física de clima. Está en el sur de Europa, que tiene unos patrones climáticos concretos y, en determinadas cuencas, sobre todo en el Mediterráneo, zona de Murcia y demás, es bastante complicado», ha explicado.

En este contexto, el experto ha abogado por la anticipación y por adaptar los espacios, en especial los urbanos, a las condiciones a las que el país va a tener que hacer frente en el futuro, como pueden ser cubiertas vegetales, pavimentos permeables, etc.
«La solución no pasa por aumentar aún más la red [de embalses], porque para empezar no hay espacio y tampoco sería una solución efectiva, sino que lo más aconsejable sería optar por otras estrategias que se promueven ya a nivel de la Comisión Europea (CE), como es la infraestructura verde o las soluciones basadas en la naturaleza», asegura.
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Mucho camino por hacer
Para Martínez, la decisión no está «en adaptarse al cambio climático» sino si se va a hacer «desde criterios de interés públicos, ambientales y sociales, de no dejar a nadie atrás» o se va a dejar «que sea el mercado quien decida quien va a poder tener agua».
«La adaptación al cambio climático no es una opción. Como va a haber menos agua y está habiendo menos agua, pues hay que utilizar el agua que hay, no la que no hay», sentencia, antes de reconocer que, en este ámbito «todavía queda mucho camino por hacer».

Además, considera que el principal instrumento de adaptación al cambio climático en materia de aguas ya existe, que son los planes hidrológicos de demarcación que se elaboran cada seis años, pero que en ellos todavía no se termina de asumir el problema.
«Se habla de cambio climático en la preparación de los planes hidrológicos, pero eso no se traduce en una reducción de las dotaciones, por ejemplo, para los regadíos, en una real reducción de las asignaciones a los usos que no son prioritarios, etc.», asegura.
Falta de inversión
A los planes hidrológicos también hace referencia el presidente de la Asociación de Empresas Constructoras y Concesionarias de Infraestructuras (Seopan), Julián Núñez.
En su opinión, la respuesta al cambio climático ya se recoge en esos planes, pero lo que hace falta es inversión para poder acometer los cambios necesarios.
«No tener los recursos planificados para poder hacer esa modernización de infraestructuras para la prevención y mitigación de los riesgos derivados del cambio climático hace que, desde un plano inversor financiero, no tengamos realizado todo lo que tenemos que tener ejecutado para poder tener las infraestructuras que nuestro país necesita», afirma.
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Según un informe de la asociación, hacer frente a las sequías e inundaciones en España requiere invertir 104.000 millones de euros en la próxima década, de los que 84.644 millones para atender las demandas de agua y el cumplimiento de los objetivos ambientales y 19.180 millones en adaptación al cambio climático y reducción de los efectos de inundaciones.
«Lo que no vale es que hemos tenido el mes de enero más lluvioso en los últimos 25 años y todos tranquilos y ahora cuando llegue el verano, pues veremos a ver qué es lo que ocurre, si volvemos a tener sequías en las cuencas mediterráneas», sentencia Núñez.
Por ello, aboga por hacer las inversiones que no se han ejecutado desde la crisis financiera de 2008 y tener «visión de futuro, más allá de una visión de cuatro años». EFEverde.
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