• 21/03/2026 13:41

Día Mundial del Agua de 2026: Asia Oriental se encuentra en una encrucijada crítica. Por Alexander Pandian (World Vision)

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El cambio climático está transformando el agua, que antes era un pilar del crecimiento económico y la estabilidad social, en uno de los principales factores de desigualdad de la región.

Y esta desigualdad no se siente por igual. Afecta con mayor dureza a las mujeres y las niñas, los niños, las personas con discapacidad y las comunidades rurales y marginadas, cuyo acceso al agua potable ya era precario.

En toda la región, la crisis climática se vive a través del agua: demasiada, muy poca o demasiado contaminada para beber. Cuando los sistemas hídricos fallan, lo hacen de forma desigual. Lo que para algunos puede ser un inconveniente se convierte en una crisis para quienes viven en asentamientos informales, aldeas remotas o con movilidad limitada.

El lema de este año, «Donde fluye el agua, crece la igualdad», capta esta profunda verdad. Pero también nos recuerda su contrario: donde el agua falla, la desigualdad se agrava.

El agua: la primera línea de la perturbación climática

Desde el delta del Mekong hasta las tierras altas de Mongolia, los ciclos hidrológicos predecibles que antes sustentaban la agricultura, las ciudades y los medios de vida están siendo sustituidos por la volatilidad. El aumento de las temperaturas acelera la evaporación y aumenta la demanda. Los patrones de precipitaciones están cambiando. Los fenómenos meteorológicos extremos se están intensificando.

Las inundaciones desbordan los sistemas de saneamiento y contaminan el agua potable. Las sequías reducen la recarga de las aguas subterráneas y ejercen presión sobre unas redes de suministro ya frágiles. El aumento del nivel del mar provoca la intrusión de agua salada en los acuíferos costeros, lo que hace que fuentes de agua antes fiables dejen de ser seguras. El agua se ha convertido en el principal medio a través del cual se percibe la crisis climática.

En ciudades en rápida urbanización, las infraestructuras construidas para el clima de ayer están siendo sometidas a una presión que las lleva más allá de sus límites. Las lluvias intensas provocan desbordamientos de alcantarillado e inundan los asentamientos de bajos ingresos. Durante los períodos de sequía prolongados, la presión del agua disminuye o desaparece por completo. Las comunidades informales, a menudo ubicadas en terrenos marginales o propensos a las inundaciones, son las más afectadas por estas crisis.

El cambio climático no solo está reduciendo la seguridad hídrica. Está poniendo de manifiesto, en primer lugar, lo desigualmente que se distribuía esa seguridad.

La carga de tiempo oculta que soportan las mujeres y las niñas

A nivel mundial, en siete de cada diez hogares que carecen de agua en sus instalaciones, las mujeres y las niñas son las encargadas de recogerla. En Asia Oriental, a medida que se intensifican las presiones climáticas, esta carga se hace cada vez más pesada. Cuando los pozos se secan o las fuentes se contaminan, las mujeres y las niñas caminan más lejos y esperan más tiempo.

Cada hora adicional dedicada a conseguir agua es una hora robada a la educación, al trabajo generador de ingresos o al descanso, un «impuesto de tiempo» creciente que refuerza silenciosamente la desigualdad de género.

La inseguridad hídrica también aumenta los riesgos de protección. Los desplazamientos más largos hasta fuentes de agua remotas incrementan la exposición al acoso y la violencia. El desgaste físico que supone transportar cargas pesadas a lo largo de largas distancias agrava los problemas de salud. El cambio climático no es neutro en cuanto al género. Amplifica las desigualdades existentes y, sin una intervención deliberada, esas desigualdades se acentuarán.

La infancia en el centro de la crisis

En toda Asia Oriental, se estima que 24 millones de niños y niñas vulnerables siguen sin tener acceso a agua potable gestionada de forma segura. Esta cruda realidad nos recuerda que, detrás del progreso regional, hay millones de vidas jóvenes marcadas por la inseguridad hídrica. Cuando se producen desastres relacionados con el clima, los niños y niñas suelen ser los primeros en sentir el impacto y los últimos en recuperarse.

El agua insalubre sigue provocando enfermedades diarreicas, una de las principales causas de enfermedad y mortalidad infantil. Las instalaciones de saneamiento inundadas o dañadas interrumpen la escolarización. Durante las sequías, los niños y niñas faltan a clase para ayudar a garantizar el suministro de agua del hogar.

La escasez de agua no es solo un desafío medioambiental o de infraestructura, sino también una cuestión de derechos de la infancia, directamente vinculada a la salud, la nutrición, la educación y la protección.

El avance hacia el Objetivo de Desarrollo Sostenible 6, garantizar el acceso al agua y al saneamiento para todos, sustenta el progreso en casi todos los demás objetivos de desarrollo. Sin sistemas de agua resilientes al clima, los avances en educación, igualdad de género y reducción de la pobreza no pueden mantenerse.

La foto está tomada en Camboya por Chetra Ten © World Vision
Fotografía hecha en Camboya por Chetra Ten © World Vision

La paradoja del agua en Asia Oriental

A menudo se considera que Asia Oriental es una región con abundancia de agua, ya que alberga algunos de los sistemas fluviales más grandes del mundo y cuenta con precipitaciones impulsadas por los monzones. La cobertura de los servicios básicos de agua supera actualmente el 90 % en gran parte de la región. Sin embargo, «básico» no significa «resiliente».

Millones de personas, especialmente en las comunidades rurales y marginadas de Camboya, la República Democrática Popular Lao y Myanmar, siguen careciendo de un suministro fiable de agua potable. Los últimos años han puesto de manifiesto la fragilidad que se esconde tras el progreso.

En Tailandia, las lluvias extremas han desbordado los sistemas de drenaje urbano que antes se consideraban robustos.

En Vietnam, potentes tifones han dañado las infraestructuras hídricas en provincias enteras.

En Camboya, las sequías prolongadas y las olas de calor sin precedentes han secado las cuencas fluviales y han obligado a las familias a la migración estacional.

No se trata de sucesos aislados. Son señales de un cambio estructural en el que la variabilidad climática transforma la abundancia percibida en inseguridad. Una de las dimensiones menos comprendidas de este cambio es que la escasez puede surgir incluso en años húmedos.

Las estaciones lluviosas cortas e intensas traen consigo inundaciones en lugar de un suministro fiable. Los períodos prolongados de sequía reducen la recarga de las aguas subterráneas.

Los sistemas pequeños y descentralizados que abastecen a los hogares rurales suelen carecer de la capacidad de almacenamiento y la redundancia necesarias para gestionar estos extremos.

Las comunidades pueden sufrir escasez de agua a pesar de que las precipitaciones anuales estén por encima de la media. Esta es la nueva realidad climática.

Más allá de la infraestructura: un imperativo de resiliencia

Gran parte de la infraestructura hídrica de Asia Oriental se diseñó para un clima que ya no existe. Reconstruir los mismos sistemas tras cada desastre no es rentable ni sostenible. El éxito en el sector del agua ya no puede medirse simplemente contando grifos y letrinas.

La cuestión central debe ser si los sistemas siguen siendo seguros, funcionales y equitativos bajo el estrés climático.

La seguridad hídrica resiliente al clima requiere proteger las cuencas hidrográficas para que los paisajes puedan absorber y regular las precipitaciones. Exige fuentes de agua diversificadas y sistemas de almacenamiento capaces de amortiguar los impactos. Requiere una infraestructura de saneamiento que pueda resistir las inundaciones, y una planificación integrada que alinee la gestión del agua con políticas climáticas y urbanas más amplias.

Por encima de todo, exige situar a las comunidades vulnerables, especialmente a las mujeres y la infancia, en el centro de la toma de decisiones y las prioridades de inversión. El coste de la inacción no solo se medirá en infraestructura dañada.

Se medirá en niños y niñas retirados de la escuela, mujeres empujadas aún más hacia la desigualdad y décadas de progreso en el desarrollo revertidas.

Asia Oriental se encuentra en primera línea de la crisis climática. Pero también puede estar en primera línea de las soluciones.

Invertir hoy en sistemas hídricos resilientes al clima es mucho menos costoso que responder mañana a emergencias repetidas.

Alexander Pandian es asesor sénior del Programa Regional de Agua, Saneamiento e Higiene (WASH) de World Vision en Asia Oriental. 

Los gobiernos, los donantes, la sociedad civil y el sector privado deben tratar la seguridad hídrica como seguridad climática, y como base para la igualdad, la estabilidad y el crecimiento a largo plazo.

Porque donde fluye el agua, puede crecer la igualdad. Pero solo si actuamos con urgencia, con equidad y antes de que la próxima tormenta o sequía determine el futuro de la infancia.

«Comprometámonos con un futuro en el que el acceso de un niño y niña al agua no venga determinado por la última tormenta o la próxima sequía».

Alexander Pandian es asesor sénior del Programa Regional de Agua, Saneamiento e Higiene (WASH) de World Vision en Asia Oriental. 

 

Fotografía principal tomada en Vietnam por Le Thiem Xuan. © World Vision.

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Esta tribuna puede reproducirse libremente citando a sus autores y a EFEverde.

 

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Este blog de «influencers verdes» fue creado por Arturo Larena y ha sido finalista en los Premios Orange de Periodismo y Sostenibilidad 2023 en la categoría de «nuevos formatos».

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Artículo de Generico publicado en https://efeverde.com/dia-mundial-del-agua-de-2026-asia-oriental-se-encuentra-en-una-encrucijada-critica-por-alexander-pandian-world-vision/