Oficialmente, el planeta Tierra ha entrado en bancarrota hídrica. O, lo que es lo mismo, ha utilizado más agua de la que puede reponer de manera fiable y sin consecuencias estructurales y, en muchos territorios, irreversibles.
Esto es lo que se desprende del último informe del Instituto para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud de las Naciones Unidas (UNU-Inweh), publicado en la revista científica Water Resources Management. El documento pone el acento en el término “bancarrota” para marcar la gran diferencia respecto a conceptos utilizados hasta ahora como “estrés hídrico” o “crisis hídrica”, que, según sus autores, no reflejan la gravedad de la situación actual.
Aun así, y según Kaveh Madani, director del UNU-Inweh y principal autor del informe: “Declararse en bancarrota no significa rendirse, sino empezar de cero”.
En este contexto, el negocio de la moda tiene un papel fundamental y una enorme responsabilidad. La producción y manipulación de textiles requiere grandes cantidades de agua.
Sólo para producir toda la ropa, el calzado y los textiles del hogar adquiridos por los hogares de la Unión Europea en 2020 se necesitaron aproximadamente 4.000 millones de metros cúbicos de agua azul y unos 20.000 millones de metros cúbicos de agua verde.
Esto sitúa, según la Agencia Europea del Medio Ambiente, a la industria textil como la tercera más intensiva en consumo de agua, después de la alimentación y del ocio y la cultura. Y gran parte de esta agua proviene de países donde los efectos de esta bancarrota hídrica son más visibles.
Los procesos de la industria textil que más agua consumen son el cultivo de fibras naturales, principalmente algodón, y todos los procesos de acabado, como lavado, teñido, estampado, blanqueado o tratamientos químicos.
Alternativas para reducir el consumo de agua
Por ello, la industria de la moda debe buscar maneras de producir con un consumo de agua y otros recursos naturales cada vez menor. El uso de materias primas recicladas o de fibras que requieren menos agua es una alternativa muy relevante. También es importante avanzar hacia modelos de producción que reduzcan la dependencia de este recurso.
De hecho, el sector ya invierte en estas áreas. Ejemplos los encontramos en empresas de denim como Levi’s o G-Star, que desde hace años aplican tecnologías que reducen significativamente el uso de agua en la confección de tejidos y en los efectos desgastados.

O en grandes grupos de distribución como H&M o Inditex, que invierten en startups con este objetivo. Esta última, por ejemplo, está apostando por la estadounidense Galy, que ha desarrollado una tecnología innovadora para cultivar algodón en un laboratorio a partir de células madre de algodón y así erradicar el consumo de agua y uso intensivo del suelo que supone esta materia prima.
Quizás, como sugiere Madani, es complicado empezar desde cero, pero seguro que es posible evolucionar muchos procesos de manera que transformen la manera en la que la industria textil trabaja.
De hecho, ésta puede ser ejemplo para muchas otras industrias altamente intensivas en el uso del agua.
Sònia Flotats es directora de Move! Moda en Movimiento.

Esta tribuna puede reproducirse libremente citando a sus autores y a EFEverde.
Otras tribunas de Creadores de Opinión Verde (#CDO)
Este blog de «influencers verdes» fue creado por Arturo Larena y ha sido finalista en los Premios Orange de Periodismo y Sostenibilidad 2023 en la categoría de «nuevos formatos».
La entrada Bancarrota hídrica y sector textil. Por Sònia Flotats se publicó primero en EFEverde.