Magdalena Rico Palao Abogada especializada en Estafas Bancarias

El mensaje parecía inofensivo, incluso oportuno. Juan (nombre ficticio) esperaba un paquete y recibió un enlace de seguimiento. «¿Cómo no va a ser real?», pensó. Hizo click. El error no fue evidente al instante, sino horas después, cuando su tarjeta de crédito fue rechazada en un comercio. No había saldo. Mientras él seguía con su día, alguien había vaciado su cuenta sin hacer ruido.
La pesadilla de Juan es cada vez más común. Su caso es solo uno más en una avalancha de fraudes digitales que ha puesto en jaque tanto a usuarios como a entidades financieras. Spoofing, phishing, smishing… los términos técnicos se multiplican tan rápido que es imposible memorizarlos todos, pero el objetivo siempre es el mismo: suplantar la identidad de una empresa de confianza para robarte.
Aunque bancos, empresas de telecomunicaciones y el Gobierno han unido fuerzas para frenar esta ola, los ciberdelincuentes parecen ir siempre un paso por delante.
¿Qué es exactamente el spoofing? Imagina que recibes una llamada o un SMS. En la pantalla de tu móvil pone claramente «Tu Banco» o «Correos». Te fías. Pero es mentira: los estafadores han utilizado tecnología para enmascarar su número real y lograr que aparezca el nombre de una fuente oficial. Es un disfraz digital perfecto.
Las cifras del Banco de España confirman la gravedad de la tendencia: en 2022, las reclamaciones por fraude se duplicaron respecto al año anterior, pasando de casi 5.000 a más de 10.000 casos.
Te hacen creer que estás en peligro inminente. Entras en pánico y dejas de pensar racionalmente. En ese estado de ansiedad, si te piden una clave «para bloquear la cuenta y salvar tu dinero», se la das. Tienen un relato muy creíble, guiones preparados y juegan magistralmente con la urgencia.
Tu banco NUNCA te pedirá claves completas ni códigos SMS por teléfono. Si recibes una llamada alertándote de un fraude y te piden códigos para «cancelar» operaciones, cuelga inmediatamente. Es una estafa. Llama tú directamente al número oficial de tu entidad.
Limita en tu app bancaria los importes máximos de transferencias diarias y de operaciones por Bizum. Si logran entrar en tu cuenta, el daño estará contenido.
La situación es tan compleja que, en países tecnológicamente punteros como Japón, algunas operaciones bancarias de alto riesgo han vuelto a ser exclusivamente presenciales. Quizás, paradójicamente, la solución final para proteger nuestro dinero digital sea volver a lo analógico.
Si has sido víctima de estos ciberdelincuentes, debes saber que no estás desamparado.
La letrada Magdalena Rico Palao, experta en Derecho Bancario, recuerda que tanto la Ley de Servicios de Pago como la jurisprudencia actual te asisten: la norma ordena la devolución de los fondos robados por parte de la entidad bancaria, ya que son ellos los garantes de la seguridad de tu depósito. Si el banco se niega a devolverte el dinero, puedes reclamarlo judicialmente. En mi experiencia profesional, estas demandas cuentan con un alto porcentaje de éxito.
La entrada La trampa del click: Por qué caemos en las ciberestafas se publicó primero en Lawyerpress NEWS.