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FUSILADME CON DIGNIDAD – José Serrano Batanero

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José Manuel Pradas – La Huella de la toga (segunda temporada)

A lo largo del siglo XX español hay, sin lugar a ningún género de dudas, un puñado de crímenes que han quedado grabados -es una frase hecha- en el imaginario popular. Entre ellos, básicamente por el tratamiento que se le dio por la prensa, destaca el que se vino a llamar “el crimen del capitán Sánchez”. Me pregunto qué sucedería si un crimen, tan escabroso como ese, sucediese hoy día con la trascendencia de las redes sociales y los programas de televisión que realizan juicios paralelos y lo que aún es peor, anteriores al que se lleva a cabo ante el Tribunal, de manera que más que juzgar, se prejuzga y ¡ay! si el resultado es diferente al que el “pueblo soberano” ha decidido que sea. Ejemplos de esto existen unos cuantos, pero dejo que cada lector decida cuales, no quiero contaminar su opinión.

No me voy a extender mucho con el crimen en sí. Una serie mítica de la televisión, “la Huella del crimen” con la dirección de Vicente Aranda, la interpretación de Fernando Guillén y Victoria Abril y el debut de Maribel Verdú lo rememoró; así que basta con esbozar cuatro pinceladas y todo aquel que quiera ver el episodio, o cualquier otro de la serie, seguro que encontrará la forma de hacerlo.

El hecho sucedió en la primavera de 1913; el asesinado fue un joyero y también  prestamista llamado Rodrigo García Jalón y respecto al móvil nunca quedó muy claro si fue para robarle una ficha del Casino de Madrid de la calle Alcalá de cinco mil pesetas de valor o si trajo causa de un arrebato de celos del capitán, que mantenía una relación incestuosa con su hija a la que, al parecer, también hacía dedicarse a la prostitución.

Si a eso unimos que la prensa sensacionalista alimentó el rumor de que, para hacer desaparecer el cadáver, el capitán había alimentado a la tropa con el cuerpo del fallecido, pues para qué queremos más. ¿El final de la historia? El esperado. El capitán Sánchez por su condición de militar acabó fusilado, en vez de pasar por el garrote y su hija María Luisa condenada a veinte años de prisión, que no llegó a cumplir al fallecer, según las cuentan las crónicas, desquiciada en un siquiátrico.

Precisamente por el tratamiento escabroso dado por la prensa, se vio el Colegio de Abogados en la precisión de intervenir, entre los meses de mayo y junio de 1913, haciendo interpelaciones incluso al Ministro de Gracia y Culto en defensa de los jueces que conocían el asunto y de la propia fiscalía, hasta que en una Junta de Gobierno de septiembre de 1913 se decide amparar expresamente al Letrado defensor del excapitán por unos incidentes que se produjeron en el Hospital Militar con el Oficial encargado de la custodia del preso, dando cuenta al Capitán General de Madrid que tomó cartas en el asunto e informó que había ordenado abrir un expediente sobre lo sucedido.

Y es este escabroso asunto el que me ha llevado a conocer a uno de los más reputados penalistas del primer tercio del siglo pasado, el alcarreño José Serrano Batanero colegiado en Madrid desde 1910 con el número 9607; uno de esos personajes hoy día olvidados y que, sin lugar a dudas, merece ser rescatado de un lugar tan presuntamente triste como debe ser el olvido.

José Serrano Batanero

José Serrano Batanero

Natural de Cifuentes provincia de Guadalajara, hijo del médico del pueblo, gozaba de una buena posición que le llevó estudiar Derecho en Zaragoza. Con el devenir de los años se convirtió en uno de los penalistas más importantes y conocidos del foro español. En una palabra, lo que hoy sería tenido como un abogado mediático, al que la prensa le metería una “alcachofa” en la boca, para que pudiera dar lo que en el argot periodístico se conoce como un “canutazo” y así opinar sobre la materia de mayor actualidad en un programa de máxima audiencia.

De esta manera intervino a lo largo de su carrera profesional, únicamente truncada por su participación en la política, como luego veremos, en algunos casos que fueron en su día muy famosos. Por citar algunos, además del crimen del capitán Sánchez, intervino en el famoso crimen del “Café de Fornos” o el de Cabanillas o el famoso de la actriz Concha Robles que fue asesinada en el escenario en medio de una representación. Ya en términos políticos fue el defensor de Luis Nicolau uno de los asesinos de Eduardo Dato y defendió igualmente a Pablo Iglesias cuando fue acusado de haber participado en el asesinato de Canalejas. No es difícil encontrar documentación de estos procesos que dejo aquí señalados para que quien quiera, se pueda documentar.

Siendo como era también periodista -lo fue en su juventud en Guadalajara- y por lo tanto conocedor de los métodos a utilizar para sensibilizar a la opinión pública, Serrano Batanero convocó un día a la prensa para que se pudiera cubrir como noticia la espera que hacía a las puertas del palacio real, él mismo junto con las hijas pequeñas del Capitán Sánchez y pedir clemencia al Rey Alfonso XIII.

Serrano Batanero, poco a poco va pasando de las ideas liberales y romanonistas de su juventud, a unas posiciones más a la izquierda y de marcado carácter republicano, siendo un destacado defensor del sufragio femenino, dando charlas y conferencias con Victoria Kent. En ese devenir hacia la izquierda, junto con Giral y Azaña formó parte del grupo que fundó Acción Republicana y obtuvo escaño en el Parlamento en la primera legislatura de la República. Al no poderlo repetir en 1933, ya no se presentó a las elecciones que trajeron nuevamente al poder al Frente Popular en 1936, aunque ayudó de manera importante a la creación de Izquierda Republicana y a la elección de Manuel Azaña como presidente de la República. Poco después comenzó la guerra civil.

En ella tuvo una activa participación desde la retaguardia que se inició con el grupo de Abogados que realizó la incautación del Colegio y la destitución en bloque de su Junta de Gobierno y que culminó con los asesinatos del decano y el secretario del Colegio. Más tarde fue nombrado Consejero de Estado y concejal del Ayuntamiento, presidente del Comité Nacional de Cajas de Ahorro y del Monte de Piedad de Madrid.

Terminando la contienda, descartó la posibilidad de la huida al exilio y fue detenido de inmediato. Sometido a Consejo de Guerra, acusado del delito de “auxilio a la rebelión”, asumió su propia defensa; valoró que no iba a obtener clemencia alguna del Tribunal militar, de manera que adoptó una posición de gran gallardía, dirigiéndose siempre a sus juzgadores como “señores rebeldes” y no consintiendo en que se dirigieran a su persona sin anteponer el “don” como le correspondía por sus estudios y títulos.

Como acabo de decir decidió defenderse él mismo para así poder hacer una defensa en la que, por así decirlo, cambiaba las tornas de raíz al convertir a los acusadores en acusados. Con los Códigos militares en la mano demostró al Tribunal que le juzgaba que debían ser ellos quienes se sentasen en el banquillo, pues habían cambiado las leyes a conciencia, únicamente para poder así juzgarle a él y a otros en su caso. De ese modo, Serrano Batanero solicitó para sí mismo la pena de muerte, para así avergonzar a aquellos militares que por un lado habían jurado defender unas leyes, para cometer perjurio, traicionando su palabra. Por eso mismo él admitía haber cometido el delito de ser leal a la legitimidad de la República que esos “señores rebeldes” habían mancillado como traidores.

Fue condenado a muerte por garrote vil, pena que le fue conmutada por la de fusilamiento, que se llevó a cabo en el Cementerio del Este el 24 de febrero de 1940. Hay testimonios de que, hasta el último momento, no permitió le faltara nadie al respeto ni que le vendaran los ojos en el trance final. Pidió que le fusilaran con dignidad.

Y así como quien no quiere la cosa hemos tenido un suave tránsito desde el patio de la Escuela de Guerra en el Paseo de Castellana, donde aparecieron los huesos del asesinado Rodrigo García Jalón, a las tapias del Cementerio del Este, donde un pelotón de soldados fusiló a un hombre íntegro, que hasta el último suspiro hizo gala de su condición de abogado.

No era este el artículo que yo pensaba escribir, pero como sucede a veces, el relato ha ido adquiriendo vida propia y nos ha llevado a donde le ha parecido. Yo he sido un mero acompañante que confía que al menos lo escrito haya gustado al lector.

Una foto de Serrano Batanero acompaña a este escrito. Elegante, pero con una mirada inquietante o quien sabe si inquisitorial o retadora. Bueno, puede que mejor quepa decir que muy de la época. Que cada uno opine.

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Artículo de Redacción publicado en https://www.lawyerpress.com/2026/02/10/fusiladme-con-dignidad-jose-serrano-batanero/