La representación femenina en las direcciones ejecutivas ha caído del 28,5 % al 18,5 % en apenas tres años. Diez puntos menos. Diez puntos que evidencian que los avances pueden revertirse si no se protegen.
Sin embargo, en medio de este retroceso, el ámbito jurídico español ofrece señales de esperanza y transformación.
Por primera vez en la historia, una mujer preside el Consejo General del Poder Judicial y el Tribunal Supremo.
Este hecho, simbólico y profundamente significativo, envía un mensaje inequívoco a todas las jóvenes juristas: sí se puede.
Sí se puede liderar, sí se puede transformar, sí se puede ocupar espacios históricamente vedados.
La procura
La procura española es, hoy, uno de los mejores ejemplos de ese avance real. Por primera vez en los 78 años de historia de la profesión, las procuradoras son mayoría al frente de los decanatos: el 57 % de los 67 colegios de procuradores están encabezados por una mujer.
Y no solo eso: el 67,4 % de los profesionales colegiados son mujeres, y las procuradoras en ejercicio —6.215— ya duplican ampliamente a sus colegas hombres.
Una profesión que nació siendo 100 % masculina es hoy una de las más feminizadas del mundo jurídico, por encima incluso del Ministerio Fiscal (66 % de mujeres), de las juezas y magistradas (57 %) y de las abogadas (43 %).
El liderazgo femenino no se limita a los decanatos.
El 66 % de las juntas de gobierno de los colegios de la procura están formadas por mujeres, y en el 78 % de los colegios la mayoría de sus órganos de gobierno es femenina.
Algunos colegios, como Castellón, Ciudad Real, La Rioja o Melilla, cuentan con juntas 100 % integradas por mujeres.
Otros superan holgadamente el 80 %: Valladolid, Bizkaia, Cuenca, Lleida, Manresa, Lugo, Huesca, Vigo o Cáceres.
Un cambio que comenzó hace más de 30 años
Este cambio profundo comenzó en los años 90 y hoy es una realidad consolidada: colegios como Girona o Cádiz han elegido recientemente a su primera decana en toda su historia.
Como jurista, procuradora y tesorera del Consejo General de Procuradores de España, vivo esta transformación con orgullo, pero también con responsabilidad.
Porque estos datos no son solo cifras: son el reflejo de un cambio cultural, profesional e institucional que debemos proteger y proyectar hacia el futuro. La igualdad no se celebra: se construye.
Por ello, reafirmo mi compromiso —personal e institucional— con la igualdad efectiva. Uno de nuestros objetivos prioritarios es garantizar la participación plena de las mujeres en la profesión, promoviendo la igualdad de oportunidades en el acceso a posiciones de liderazgo en todos los ámbitos de toma de decisiones: políticos, económicos y públicos.
Este compromiso se alinea directamente con el Objetivo de Desarrollo Sostenible número 5, que nos insta a empoderar a todas las mujeres y niñas.
La procura demuestra que cuando se abren puertas y se eliminan barreras, las mujeres no solo participan: lideran.
Y ese liderazgo no es una excepción, sino un modelo. Un modelo que debe inspirar al resto del sector jurídico y a la sociedad en su conjunto.
Este 8‑M no es solo una fecha en el calendario.
Es un recordatorio de que la igualdad requiere acción, coherencia y valentía. Y es también una oportunidad para reconocer que, cuando se apuesta de verdad por la igualdad, los resultados llegan. La procura española es prueba de ello.
