José Manuel Pradas – La Huella de la toga (segunda temporada)

Quien hoy día tenga un hijo que lea, puede considerarse afortunado. Yo era un hijo lector, al principio de tebeos -el concepto cómic es posterior- y que devoraba a Julio Verne, Salgari y Tintin. Luego, ya más tarde, disfrutaba con cosas mucho más serias, tanto es así que, ahora que leo bastante menos -la verdad sea dicha- todavía tengo cerca de mí un libro que siempre ha tenido una especial trascendencia. Me refiero a las “Vidas Paralelas” de Plutarco, donde se establecen comparaciones entre personajes de la Roma clásica y de la cultura helenística, y que está considerada como una de las obras maestras de la literatura.
Esta pequeña reflexión me ha llevado a titular el artículo así, ya que nuestros protagonistas de hoy, ambos de ideología izquierdista, también masones, uno comunista y el otro librepensador; ambos por descontado, afectos al gobierno de la Segunda República y comprometidos con la misma. Tuvieron una trayectoria no precisamente paralela, sino todo lo contrario, divergente lo cual lleva implícito, según las inexorables reglas de la geometría, que los caminos de sus vidas se cruzaran. Esa intersección se produjo el 9 de noviembre de 1937, cuando aconteció el relevo forzado de la Junta de Gobierno del Colegio. Esa tarde-noche a las 19:20 horas, en un acto presidido por el general Miaja, héroe de la defensa de Madrid un año antes, Feliciano López y López de Uribe y José Puig d’Asprer expresaron ambos sus antagónicas ideas, motivaciones y sentimientos en sus respectivos discursos, tal y como fielmente se recoge en un libro de actas nuevo y a estrenar para iniciar aquella nueva singladura del Colegio en plena guerra; tenemos la gran fortuna de que se hayan conservado sus parlamentos y, por lo tanto, de su lectura poder sacar las conclusiones que consideremos.
Poco menos de año y medio después, ambos habían fallecido y empezaron a caer en el olvido.

Del primero que quiero hablar es de Feliciano López y López de Uribe, riojano nacido en 1895 y que fue presidente de la Comisión Ejecutiva del Colegio -en otros lugares es denominado decano, pero incorrectamente- y, simultáneamente, fiscal jefe de la Audiencia Territorial de Madrid.
Del virulento e interesante discurso de López de Uribe me interesa, sobre todo, destacar una afirmación que hace no una vez, sino dos: sobre que la causa de su cese y el de toda la Comisión procede directamente del ministro y que maldita la gracia que le hace cesar en el cargo y tener que entregar el mando a otro. Luego, tras una pequeña salutación a Miaja, arranca su parlamento con esta frase: “…Cumpliendo órdenes del Gobierno, y en nombre del ministro de justicia, vamos a daros posesión de vuestros cargos en la Junta de Gobierno del Colegio de Abogados de Madrid”.
Y ya al final de su alegato, vuelve a insistir con un tinte de resentimiento e ironía: “Y cumpliendo las órdenes del Gobierno, repito, os hago entrega formal y solemne de la función rectora del Colegio de Abogados de Madrid, en la seguridad de que sabréis superar en mucho nuestra modestísima labor”.
Y aquí van otras dos perlas de este extremista talibán tomadas de su discurso, el cual permanece inédito y me alegro de que pueda rescatarse: “La primera preocupación de esta Comisión Ejecutiva fue dar al Colegio de Abogados un estilo de vida que hasta aquel entonces no había tenido. Se hacía preciso un acercamiento entre el pueblo y la profesión de Abogado…La actuación de los Abogados en los Tribunales populares, donde tienen el respeto del pueblo, que ve que se hace su justicia, es el mejor exponente”.
Y no digamos ya ésta, como si fuese un mandato entre orden y advertencia a su sucesor, que da casi hasta miedo y representa la contradicción de lo que justamente debe ser un Colegio de Abogados. “Sin regatearos méritos profesionales… no olvidéis que el título más destacado que se ha tenido en cuenta para conferiros estos cargos es el de que sois fervientes antifascistas. Y este título os obliga nada más y nada menos que a la sumisión total y absoluta a las decisiones del Gobierno del Frente Popular. Tan alto es este deber que ni siquiera la solidaridad, concepto sagrado en las colectividades, os está permitida. Frente a las determinaciones del Gobierno no hay -porque no debe haberlas- ni solidaridad sindical, ni política, ni profesional o de gremio. ¡Nada! Ante una orden del Gobierno, no cabe hacer más que una cosa: cumplirla”.
En los estertores de la guerra, se produjo una mini guerra civil en Madrid entre los comunistas y los socialistas fieles a Negrín contra los militares y los anarquistas -cuantas cuentas pendientes por saldar- que querían negociar la rendición. López de Uribe fue detenido por las fuerzas del coronel Casado.
Tan pronto entraron las tropas de Franco en Madrid, fue entregado y se instruyó, por el Juzgado Militar Permanente nº 1 de Madrid, la causa 9/1939. Fue juzgado por un tribunal militar y fusilado en las tapias de la Almudena en junio de ese año. Transcribo lo que de él se decía en la sentencia que, por descontado, de imparcial nada de nada: “Que el procesado con destacados antecedentes izquierdistas, perteneciente a la Masonería, fue en el mes de noviembre de 1936 Decano de Colegio de Abogados de Madrid desde cuyo cargo persiguió a los Colegiados de tendencia derechista en especial a los que firmaron el documento de protesta por el asesinato del Proto-Mártir Calvo Sotelo; que actuó como Fiscal de la Audiencia de Madrid, desde cuyo cargo mediatizaba la actuación de los fiscales de la Audiencia y del S.I.M. que actuaban a su dictado, llevando en algunos casos la dirección en las acusaciones, cuando se trataba de casos destacados y empleando siempre toda su influencia en el sentido más perjudicial para los acusados”.
A propósito de que López y López de Uribe era un sectario -hoy le podríamos llamar un talibán- hay suficientes pruebas y testimonios escritos. Al final de su vida tuvo mala suerte. Si se hubiera podido escapar, el temido fiscal jefe de la Audiencia Territorial de Madrid habría rehecho su vida en el exilio con total seguridad, dada su pertenencia al Partido Comunista desde una época tan temprana como 1927. No quiso o, sobre todo, no pudo; los militares afines a la República y los anarquistas se lo impidieron.
En el Juzgado Militar Permanente nº 1 de Madrid declararon en el Consejo de guerra cerca de treinta testigos, todos ellos de cargo, y el fiscal en su relación de hechos afirmó: “…se puso francamente al lado del Gobierno rojo, ostentando como cargos destacados el de Decano del Colegio de Abogados y el de Fiscal de la Audiencia de Madrid. En el primero de ellos tomó acuerdos expulsando a los Abogados de derecha e interesando su persecución. Escribió cartas y folletos de propaganda dirigidos unos a los españoles y otros a entidades extranjeras, insultantes para la Causa nacional. Se incautó de los fondos del Colegio, como Fiscal desarrolló una política de persecución a las personas perseguidas y coaccionando a los funcionarios a sus órdenes para que extremasen severidad y persiguiendo a los que no obedecían. Privadamente hacía una vida inmoral, habiendo tomado parte en una misa negra celebrada en la Iglesia de Santa Bárbara y en sus conversaciones alardeaba de su ateísmo procurando para destacarlo más, difamar e insultar a todo lo que significase religión.”
Tal como pintaban las cosas, la condena a muerte era inevitable: fue fusilado en las tapias de la Almudena en junio de ese año.
No voy a opinar si lo que se dice es al cien por cien verdadero -lo de la misa negra, la verdad, me parece muy fuerte-; será preferible que cada uno juzgue, en base a lo leído, a que lo haga yo.
Una vez fusilado, Feliciano López y López de Uribe empezó a caer en el olvido, comenzando por el de sus propios camaradas. Seguramente no representaba un buen espejo en el que verse reflejado en los tiempos actuales: no está bien visto ser tan estalinista.
Como ya he dicho, las ideas y posicionamiento de Jose Puig d’Asprer representan, exactamente en el mismo contexto histórico, la contraposición más radical y absoluta a las López de Uribe. Natural de Barcelona donde nació en 1870 y falleció en Madrid en 1938, a la edad de 68 años, mientras ocupaba el cargo de decano. Masón también y librepensador, había actuado como abogado defensor de anarquistas en los famosos procesos de Montjuic por el atentado del Liceo en 1894 y, más tarde, derivó hacia un republicanismo federal. Terminó militando en el partido azañista “Izquierda Republicana”.
Fue presidente de centros republicanos y de la Liga de Defensa de los Derechos del Hombre desde 1905. Resultó elegido concejal del Ayuntamiento de Barcelona y, a partir de 1931, fue gobernador civil de Lérida y diputado a Cortes por Gerona. En 1934 fue nombrado director general de Administración Local y presidió la comisión de traspasos de servicios a la Generalitat de Cataluña, hasta que dimitió.
El mencionado 9 de noviembre de 1937, intervino Puig d’Asprer a continuación de López de Uribe y su discurso también quedó registrado en acta. Entresaco algunas frases para poder comparar su alocución con la de su predecesor. En su intervención, hace un permanentemente llamado al cumplimento de los estatutos del Colegio, y a su autonomía frente a otras instituciones. Dice así: “La nueva Junta nace con la plenitud de derechos y obligaciones que determinan sus Estatutos, es decir, que ha de encuadrar su actuación en el cauce reglamentario estricto”. Compárese esto con la sumisión del Colegio propugnada por López de Uribe.
O cuando más adelante dice; “Nos alienta, a decir verdad, aquel espíritu de fraternidad entre colegiales que evoca la Ley Orgánica del Poder Judicial, aquel sentimiento de compañerismo que subrayan nuestros Estatutos y de que nos proponemos ser defensores apasionados… Nos tranquiliza sobre todo que, al mirar hacia nuestro interior, nos sentimos limpios de rencores y de odios, de ambiciones y de tibiezas, que profesamos culto sincero a lo que en el Derecho es espíritu y amparo”. Comparado esté párrafo con la cacería de los firmantes del ya famoso escrito relativo a Calvo Sotelo que ya he citado otras veces, el lector me dirá con cual se queda.
Una última cita para ir terminando este artículo, que me ha impresionado y que pronuncia al final de su discurso: “Ahora también he de hablar de mí… cuando no podía de ningún modo remoto pensar en ser Decano, por el artículo 33 de los Estatutos pude apreciar lo que debe ser un Decano. Dicho precepto legal, que jamás he olvidado, después de enumerar los deberes, añade un apartado que no puedo menos que leer hoy: <Por encima de todas estas atenciones, se esforzará principalmente en mantener con todos los compañeros una relación asidua de protección y consejo, procurando que su celo constituya una alta tutela moral que ampara a los débiles y perseguidos, asesore a los inexpertos, encauce a los extraviados y corrija a los contumaces, de tal suerte que su rectitud, su severidad y su afecto sean ejemplo para todos y encarnación de la dignidad substancial en quienes realizan funciones de justicia> Tan aleccionadoras palabras han de servir de norma a mi actuación”.
No sé cómo le caería este discurso tan ajeno a su mentalidad a López de Uribe, pero sí estoy en la disposición de afirmar que Puig d’Asprer intentó cumplir, junto con su Junta de Gobierno, con todo aquello que proclamaba el artículo 33 de los estatutos del Colegio.
El 13 de noviembre de 1938, es decir un año y unos días después, fallecía el decano, don José Puig d’Asprer. Intentó, muchas veces con éxito, hacer cuanto pudo en defensa de sus compañeros, incluso a riesgo de su vida y, con toda seguridad, de su salud.
Me habría gustado mucho conocerle en persona y me da un poco de coraje que su nombre no ocupe un lugar más que merecido en la historia del Colegio de la Abogacía de Madrid. Pero bueno, siempre estaremos a tiempo. El mensaje está lanzado.
Ya es una costumbre poner una imagen que acompañe el texto, así que jugando un poco al despiste y para no disgustar a nadie, la foto no será ni de uno ni de otro. Pondremos al tercer protagonista de aquella tarde del 9 de noviembre de 1937. El general don José Miaja.
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Artículo de Redacción publicado en https://www.lawyerpress.com/2026/09/08/vidas-divergentes/