Madrid.- Ha pasado un año desde que el Boletín Oficial del Estado (BOE) publicara la Ley de Prevención de Pérdidas y Desperdicio Alimentario y es ahora cuando va a entrar plenamente en vigor, con los agentes de la cadena preparados, sensibilizados y «comprometido con los fines de la ley».
En España se tiraron a la basura en 2024 1.125 millones de kilos o litros de comida o bebida que podrían haber sido ingeridas, del que el 97 % correspondió a los hogares.
En total, el desperdicio alimentario alcanzó los 24,38 kilos o litros por persona y de cada 100 kilos o litros comprados, 3,7 terminaron en los contenedores, según los datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.
Para luchar contra esta cifra, hace un año se aprobó la ley de desperdicio alimentario y, a partir de este viernes 3 de abril de 2026, entran en vigor las obligaciones generales para todos los agentes de la cadena alimentaria.
Entre otros, la norma obligará a partir de ahora a los establecimientos que tienen más de 1.300 metros cuadrados de sala dedicada a clientes a disponer de un plan de acción concreta para la reducción y eliminación de esta práctica y a contar con acuerdos para donar sus excedentes a entidades del tercer sector, siempre que sea posible.
Este plan establecerá una jerarquía de prioridades para no tirar comida, en el que el primer paso será transformar residuos en otros productos para el consumo.
Para los excedentes, se priorizará la donación, pero si no es posible, los desperdicios se dedicarán a la alimentación animal o al pienso; en su defecto, como subproductos en otra industria; y, en última instancia, a la obtención de compost.
Además, excepto las microempresas, todos los agentes deberán «evitar actuaciones orientadas a dejar los alimentos en condiciones no aptas para su consumo o valorización».
Preparados para este momento
Una entrada en vigor ante la que el secretario general de la Confederación Empresarial de Hostelería de España, Emilio Gallego, ha defendido en EFEverde que el sector está preparado y que llevan tiempo «con acciones de sensibilización y de concienciación muy profundas».
«Hay que decir que el sector en su conjunto está comprometido con los fines de la ley. Es evidente que cada vez que te toca implantar alguna reglamentación, pues siempre lleva un trabajo y un esfuerzo añadido, que es lo que hemos pretendido en este caso facilitar», ha afirmado.
Concretamente, Gallego ha hecho referencia a la herramienta -una ventanilla única digital- que la patronal ha puesto en marcha para facilitar a los establecimientos el cumplimiento de esta ley.
En esta línea, desde la Asociación de Fabricantes y Distribuidores (AECOC) defienden que han hecho mucha difusión para que las empresas estén informadas de la entrada en vigor, aunque «el grado de preparación depende mucho del tipo de compañía», es decir, de su grado de conocimiento y de sensibilización en el tema.
«Nosotros estamos ayudando a las empresas a hacer sus planes de prevención y tenemos tanto grandes empresas como pequeñas pymes también que están haciendo sus planes de prevención para tenerlo todo listo para la entrada en vigor», ha explicado la directora del proyecto La alimentación no tiene desperdicio de AECOC, Nuria de Pedraza.
Una ley positiva para el sector
Desde el sector, además, valoran positivamente la puesta en marcha de esta normativa y, en palabras de la representante de AECOC, el sector «en términos generales» comparten el objetivo de la ley.
«El sector ha participado activamente, se le ha escuchado y refleja bastante bien las casuísticas y peculiaridades del sector agroalimentario. Ahora la duda viene en implementarla que no es sencillo», ha afirmado De Pedraza, quien ve sobre todo «la gran dificultad» en la parte de las donaciones.
El regusto agridulce de la Ley para prevenir el desperdicio alimentario
Gallego, por su parte, ha puesto el acento en la mejora de la gestión en las empresas: «Toda esa tarea de concienciación hace mejores empresas, gestión más profesional; hace recursos humanos, profesionales que trabajan en los establecimientos más comprometidos, con una conciencia social, que se relacionan con una clientela que también tiene más conciencia social y medioambiental. Por lo tanto, la visión es positiva».
Reducir las emisiones
Una parte medioambiental que menciona Gallego y que tiene una especial relevancia en el caso del desperdicio alimentario. Esta práctica es responsable de entre el 8 y el 10 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, según Naciones Unidas.
De hecho, si el desperdicio alimentario fuera un país, sería el tercero más contaminante del mundo, solo por detrás de China y Estados Unidos.
Por ello la norma pretende «reducir el impacto de las emisiones y la generación de residuos sobre el medio ambiente y la salud humana».
«Realmente no parece ético ni responsable desperdiciar los alimentos cuando hay gente que no tiene todavía acceso a esos bienes básicos lamentablemente y luego también […] cada vez que destruimos producto impactamos negativamente al medio ambiente, generamos emisiones de dióxido de carbono (CO2) y malgastamos recursos, porque utilizamos recursos hídricos y humanos que eran innecesarios», resume Nuria de Pedraza. EFEverde
mnc
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