• 24/02/2026 06:25

Que la buena pluma no falte nunca – (O las buenas maneras lo primero)

(origen) Redacción Feb 24, 2026 , , , , , , , ,
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José Manuel Pradas – La Huella de la toga (segunda temporada)

No redacto bien. Es verdad que no acostumbro a tener faltas de ortografía y aunque cada vez tengo más dudas con algunas palabras, dicen que esto sucede por una mera cuestión de edad; en todo caso, el corrector acude en mi auxilio y acostumbro a salir con decoro del trance, ya que uno, a fuerza de ir escribiendo, va adquiriendo una cierta soltura; eso que según dicen los que saben, se llama tener facilidad de pluma.

Esto es lo que me dicen generalmente mis amigos que tienen la amabilidad, o el compromiso, de leer estos escritos. Yo tiendo a creerles por ese pequeño defecto humano que es la vanidad, pero en el fondo soy consciente que no es cierto. Me cuesta escribir. Toca modificar el texto al menos dos veces antes de que vea la luz y estoy convencido que cuando relea estos párrafos, pasado un tiempo, volveré a darle unas manitas de garlopa al texto, corriendo algunas comas de sitio y buscando los sinónimos más adecuados para no repetir inútilmente palabras.

Sí, ya sé que alguno dirá eso de “excusatio non petita…” y con toda seguridad tendrá razón, pero es que no dejo de pensar en la dificultad que tenemos los abogados en ser naturales con el lenguaje cuando escribimos. Estamos, sencillamente, reñidos con la simplicidad en la escritura y por tanto ser amenos supone para nosotros -desde luego al menos para mí- un reto muy importante de difícil consecución; si a eso se une que el que escribe, como es mi caso, procede del sector financiero, donde el lenguaje bancario o mejor dicho el metalenguaje es ya un valor en sí mismo: la conclusión no puede ser otra que la apreciada simplicidad en el escribir no se consigue y hay ocasiones en que ni siquiera nosotros mismos conseguimos llegar a entender de un golpe de vista lo que hemos escrito en el papel.

Hablo por lo tanto de esa difícil virtud literaria que es la amenidad. Si ya de lo que hablamos es del humor o de algo todavía más difícil, como es la ironía, es mejor no decir nada; es una misión casi imposible para un abogado poderla plasmar en el papel. Solo mentes privilegiadas -voy a citar únicamente dos- como era la de Vizcaíno Casas o es -y seguro que todavía por muchos años- la del profesor Jiménez-Blanco consiguen superar con nota ese reto que acabo de calificar como imposible, consistente en ensamblar humor, escritura y Derecho.

Viene todo este discurso previo como introducción a un pequeño hallazgo descubierto entre el marasmo de Actas de Juntas de Gobierno del Colegio de Abogados de Madrid, que me he metido entre pecho y espalda para poder elaborar estos escritos.

la buena pluma

Cuando periódicamente se producían cambios en la composición de la Junta de Gobierno del Colegio -antiguamente la Junta se renovaba por partes- se plasmaba todo ello en el acta correspondiente, donde se daba la bienvenida a los nuevos y se despedía a los que cesaban en sus funciones.

 Los días 1 y 2 de junio de 1913 se celebraron elecciones para cubrir las plazas de decano, diputado 2º y secretario, que arrojaron el siguiente resultado: Decano: Luis Díaz Cobeña, 1.211 votos; Antonio Maura, 2 votos; Fernando Weyler, 1 voto. Diputado 2º: Niceto Alcalá-Zamora, 1.220 votos; Germán Valentín Gamazo, 2 votos; José Luis Castillejo 1 voto. Secretario: Augusto Fernández Victorio 451 votos; José Luis Castillejo, 821 votos.

Consecuentemente, fueron proclamados en sus cargos aquellos que lograron mayor número de votos para cada puesto y tomaron posesión en la primera Junta de gobierno que se celebró, pasados unos días, el 8 de junio. Era norma poner en el margen izquierdo del libro de actas los comparecientes a la reunión y así podemos saber que aquel día acudieron además del decano, los diputados Rodríguez Villalonga, Gamazo, Ossorio y Gallardo, Raventós, Cabello, Alcalá Zamora, Castillejo y Fernández Victorio.

Y a continuación voy a transcribir literalmente, sin mover una coma, cómo se desarrolló la primera parte de esa reunión. Ya avanzo, no hay nada importante, se podrá decir que está escrita en un lenguaje un poco anticuado, diga el lector lo que quiera, pero por favor siga este consejo, relájese, lea despacio y goce de cómo se expresaban nuestros colegas hace un siglo. Disfruten y aprendan.

Abierta la sesión bajo la Presidencia del Excelentísimo señor Decano Don Luis Díaz Cobeña, con asistencia de los señores expresados al margen, y leída por el Secretario el Acta de la anterior, fue aprobada.

Visto el resultado de las votaciones habidas en este Colegio en los días 1 y 2 del mes actual, para la elección de los cargos de Decano, Diputado segundo y Secretario y las actas correspondientes en las que no aparece protesta alguna; la Junta, de conformidad con lo prevenido en el artº. 61 de los vigentes Estatutos del que se dio lectura, acordó declarar reelegido, elegidos y proclamados al Excmo. Señor Don Luis Díaz Cobeña y a los Iltmos. Señores Don Niceto Alcalá Zamora y Don José Luis Castillejo para los referidos cargos de Diputado 2º y Secretario respectivamente, así como que se les diera posesión, según dispone el artículo 62 de los mismos Estatutos y hallándose presentes dichos Señores, tomaron, desde luego, posesión de sus cargos.

El Diputado 1º Iltmo. Sr. Don Antonio Gabriel Rodríguez hizo uso de la palabra para felicitarse y felicitar al señor Díaz Cobeña de que haya sido nuevamente reelegido para el cargo de Decano de este Colegio, pues tiene una personalidad tan sobresaliente en nuestro Foro, que solo es comparable a la que tuvo el Ilustre Cortina. Al propio tiempo dio el dicho Diputado la bienvenida a los Señores Don Niceto Alcalá Zamora y Don Jose Luis Castillejo, congratulándose de que vengan a cooperar en los trabajos encomendados a esta Junta, y dedicó también el más sentido y caluroso elogio a la gestión de los Señores Don Germán Valentín Gamazo y Don Augusto Fernández Victorio, a quienes ahora toca salir. Toda la Junta se adhirió a estas manifestaciones, y acto seguido dirigió breves frases el Decano reelegido Señor Díaz Cobeña para agradecer las de que le habían hecho objeto el Diputado 1º manifestando que aun cuando nunca ha deseado el cargo, se consideraba satisfecho de continuar siéndolo por ser para él un gran honor al cabo de 55 años de ejercicio de la profesión.

El Señor Secretario saliente Don Augusto Fernández Victorio, habló también para corresponder a las cariñosas frases de despedida que le había dirigido el Diputado 1º, manifestando que se iba bien acompañado, puesto que salía de la Junta con un compañero tan distinguido como su compañero el Señor Valentín y Gamazo.

El Diputado 2º entrante Don Niceto Alcalá Zamora agradeció en breves palabras la bienvenida que le había dirigido el Diputado 1º afirmando los propósitos que le animan de cooperar con todas sus iniciativas a la labor de esta Junta.

El Secretario entrante Don José Luis Castilejo se adhirió a las manifestaciones del Señor Alcalá Zamora y además solicitó de la Junta que se hiciera constar en el acta, lo satisfecha que aquella quedaba de la brillante gestión realizada por el Secretario saliente Don Augusto Fernández Victorio. La Junta accedió gustosa a lo solicitado por el Señor Castillejo.

Y para que conste se levanta la presente acta de esta primera parte de la sesión autorizada por el Secretario saliente en la fecha ut supra.

Observe el lector que realmente decir, no se dice nada, pero ¡qué bien se dice!

Luego venía la segunda parte de la sesión, donde ya se despachaban los asuntos llamémosles ordinarios, y se daba cuenta de las incorporaciones al Colegio y las bajas; la denegación de una petición de socorro por parte de una viuda; una solicitud de un colegiado para que se le nombre traductor de lenguas latinas en la Biblioteca y una regulación de honorarios. En fin, los temas más o menos recurrentes o más o menos importantes del día a día de la Institución. Pero eso sí, que la buena pluma no falte nunca.

Hay muchas veces en que nos viene bien parar y leer algo que no revista mayor importancia, a manera de “divertimento”; pero lo que acabo de transcribir se puede entender así, como algo ligero, deliciosamente chispeante como el agua con gas y que permita unos minutos de distracción para luego volver a la faena o, a poco que nos pongamos trascendentes y filosóficos, llevarnos a pensar en la evolución del mundo, de la profesión y de lo cansados que estamos de todo, por mucha vocación que profesemos.

Así pues, y por lo que a mí respecta, que cada uno lea el artículo como le plazca, pero eso sí, ¡que lo haga!

Termino con una pequeña licencia. Me sabía mal no poner ninguna imagen que acompañase al artículo, como viene siendo costumbre y me propuse corregirlo.

Pero la verdad es que no encontraba nada que me sirviese. Y de hecho no ha aparecido nada ni nadie, para  qué engañar. Pero un buen amigo que ahora vive en Alemania me escribe y me dice por WhatsApp “en el hall de entrada al ICAM hay un cuadro colocado muy arriba donado por mi bisabuela y su segundo marido, infausto administrador que le robó todo lo que pudo. Es el juicio de Salomón. Si vas por allí lo verás y te puedes dañar las cervicales en el proceso.

Así que, como premio a mis fieles lectores, acompaña este artículo una foto del cuadro -enorme- llamado “El juicio de Salomón”, realizado en 1646 por el ilustre pintor Félix Casiello. Además, de paso, podremos minorar el riesgo de daño cervical del que me advertía mi amigo dándole un vistazo desde aquí.

 

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