• 03/02/2026 12:26

El turismo espacial, una moda millonaria con un impacto ambiental difícil de cuantificar

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Madrid.- Era una de las apuestas del multimillonario Jeff Bezos, aunque por el momento ha pulsado el botón de pausa: Blue Origin cancela sus vuelos de turismo espacial durante al menos dos años para centrarse en la carrera a la Luna.

Junto con empresas como SpaceX o Virgin Galactic, las empresas aeroespaciales se lanzaron, sobre todo a partir de 2021, a enviar personas al espacio por precios astronómicos y un impacto ambiental difícil de cuantificar, ya que los datos de los que se disponen son escasos y las opiniones, dispares.

El impacto ambiental del turismo espacial depende de los tipos de propulsores utilizados por los cohetes. En el caso de Blue Origin, actualmente utiliza hidrógeno líquido y oxígeno líquido, según ha explicado a EFEverde el responsable de sostenibilidad del área de seguridad espacial de la Agencia Espacial Española (AEE), Javier Rodríguez González.

Por ello, su contaminación se produce mayoritariamente en tierra por electrólisis y, al no producir dióxido de carbono (CO2), «contamina muy poco en órbita».

Una opinión que rebate la científica Eloise Marais, que dirige el grupo de investigación sobre composición atmosférica y calidad del aire de la University College London (UCL). Según explica a EFEverde, los principales subproductos de este cohete en el lanzamiento son el vapor de agua y óxidos de nitrógeno o NOx.

«El valor de agua es en sí mismo un gas de efecto invernadero y es ajeno a las capas superiores secas de la atmósfera, donde puede formar nubes que pueden afectar al clima o facilitar el agotamiento del ozono. El NOX es un gas reactivo que también contribuye al agotamiento del ozono», ha explicado.

Esto en un vuelo que apena dura 10 minutos ya que el cohete suborbital Blue Shepard que utiliza Blue Origin pasa entre 3 y 4 minutos por encima de la línea de Kármán -que marca la frontera con el espacio, a 100 kilómetros de altitud sobre la superficie de la Tierra- para que sus tripulantes puedan experimentar la gravedad cero.

Diferentes son los vuelos de SpaceX, en el que los civiles sí pasan varios días en órbita baja, lo que aumenta el impacto para la Tierra, ya que son con queroseno o, lo que es lo mismo, producen dióxido de carbono (CO2).

Menos contaminación, más impacto

Con apenas una decena de vuelos en 2025, el turismo espacial supone una «moda» que se puede mantener estable, pero que no se va a disparar y que es insignificante si se compara con el total de lanzamientos (más de 300) de ese mismo ejercicio, según explica Rodríguez.

En términos de dióxido de carbono (CO2), el experto asegura que, por ejemplo, el sector de la aviación produce al año 1.000 millones de toneladas, mientras que el sector espacial produce entre 0,04 y 0,1 millones de toneladas, lo que supone entre 15.000 y 20.000 veces menos.

«Evidentemente si hay una parte de contaminación, pero en realidad es bastante despreciable y si le quitas la parte que sería de turismo espacial, es que es despreciable totalmente», afirma Rodríguez.

Una opinión que comparte Marais, quien asegura que, el turismo espacial «es una fuente de emisiones bastante menor en comparación con el sector espacial en su conjunto» y que este, en general, es una fuente de emisiones bastante menor si se compara con otras industrias terrestres.

No obstante, destaca que «los impactos se escalan de manera diferente» ya que los contaminantes de los cohetes permanecen en las capas superiores de la atmósfera «mucho más tiempo que los contaminantes liberados más cerca de la superficie de la Tierra».

De hecho, la científica publicó un estudio en 2022 en el que estimaba que las partículas de hollín procedentes de los lanzamientos de cohetes son entre 400 y 500 veces más eficaces a la hora de calentar la atmósfera que las mismas partículas procedentes de fuentes terrestres.

«Por lo tanto, el tamaño de la industria del turismo espacial puede ser mucho menor que el del sector de la aviación para general un impacto ambiental similar», destaca.

Conocer cuánto se contamina

Lo que queda claro hablando con los expertos es la dificultad real que supone contar con números exactos sobre emisiones. Algo que se da en todo el sector y que la Unión Europea (UE) sí tiene interés en saber.

Según Rodríguez, a partir de 2030 será necesario en la UE hacer un análisis completo del impacto ambiental que tiene una misión: «Tú no vas a poder volar hasta que no digan que los valores son correctos y son aceptables».

«Lo que se pretende es que cualquier actividad espacial, no solo de turismo espacial, que vaya a ir al espacio, tenga que hacer un análisis completo desde el comienzo de la fabricación y diseño hasta el lanzamiento, operación en órbita y el desorbitado, de cuál va a ser su impacto medioambiental y la huella medioambiental», ha explicado el experto.

Además, también considera que ya que el turismo espacial no se va a poder evitar «porque hay gente que está dispuesto a pagarlo y hay compañías privadas detrás», se debería intentar obligar a que lleven ciertos experimentos «para que se haga un poquito de ciencia aparte de este turismo espacial». EFEverde

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Artículo de Mari Navas publicado en https://efeverde.com/turismo-espacial-moda-millonaria-impacto-ambiental/