• 26/01/2026 16:21

Groenlandia, donde naturaleza y población se lo pondrán difícil a la explotación minera y marítima

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Ana Tuñas Matilla

Estados Unidos ha llevado a primer plano el interés estratégico de Groenlandia por los recursos mineros que se cree que alberga, fundamentales para la transición energética y digital, y la ubicación geográfica de la isla, clave para el desarrollo de nuevas rutas marítimas a medida que avanza el deshielo del Ártico.

Sin embargo, según los expertos consultados por EFEverde, la propia naturaleza de la isla y del mar que la rodea, con el hielo como protagonista, pone difícil su explotación minera y marítima.

Tampoco lo podrán fácil sus habitantes, en un 80 % inuit, población indígena de Groenlandia con un gran arraigo al medio y cuya oposición mantiene paralizados varios proyectos mineros en Groenlandia, actualmente territorio autónomo dentro del Reino de Dinamarca.

Tanto la apertura de nuevas rutas marítimas como la explotación minera afectarían sin duda al medio de vida de la población, gran parte de la cual vive de la pesca y de la caza,  al tiempo que podrían en riesgo ecosistemas y especies emblemáticas y, lo más preocupante, podrían acelerar cambios climáticos a nivel global, con especial incidencia en Europa.

Sus tesoros on y off shore

Según informe del Servicio Geológico de Estados Unidos, se estima que la isla contiene el 2% de las reservas mundiales de tierras raras (1,5 millones de toneladas),  cifra similar a la de Estados Unidos, la mitad que la de Rusia (4 %) y muy alejada de países como China (48 %), Brasil (23 %), han explicado Paula Adánez, investigadora de Instituto Geológico y Minero de España (IGME-CSIC).

Otros yacimientos de materias primas críticas de importancia conocidos son: metales preciosos (oro y platinoides) y molibdeno. También hay potencial en grafito, según la misma fuente, que ha apuntado que con menor importancia, pero también de interés, hay níquel, hierro, cobre, wolframio, antimonio, plomo o zinc.

También se estima que guarda elevadas reservas de gas y petróleo, según diversas estimaciones internacionales.

Tanto las exploración y producción de petróleo y gas, como la minería de uranio y tierras raras, están practicamente prohibidas en el país desde 2021 por motivos medioambientales.

En cuanto a las rutas marítimas, el interés de Estados Unidos estaría en controlar el Paso del Noroeste (bordea Norteamérica conectando Atlántico y Pacífico a través de los estrechos canadienses e incluyendo rutas comerciales por Groenlandia), según Ksenija Hanaček, investigadora del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales de la Universidad Autónoma de Barcelona (ICTA-UAB),

Las otras dos que pasan por la zona son la Ruta del Mar del Norte, bajo control de Rusia y más avanza, debido a que el hielo es menos grueso que en la del Paso del Nordeste; y la Ruta Transpolar, que iría por el Polo Norte y sería la más corta, eso sí, si en el futuro pierde hielo.
Plazos y licencia social

¿Cuáles son las posibilidades reales de explotación?

Respecto a la explotación los yacimientos, Groenlandia se enfrenta a retos muy parecidos a los de otras regiones frías y remotas como Siberia, el norte de Finlandia y Suecia (Laponia,Círculo Polar Ártico). Se necesita una infraestructura muy distinta de lo habitual, lo que encarece la explotación y obliga a estimar el beneficio que se pueda sacar de los materiales explotados, ha apuntado Adánez.

La evaluación de impacto ambiental también debería tener en cuenta circunstancias que no son las ideales a la hora de montar una explotación minera, por ejemplo, la existencia de permafrost (suelo congelado) que puede hacer deslizar estructuras en caso de descongelación, o los residuos mineros, muchas veces acompañados de agua, supondrían un problema adicional si se congelan y descongelan con cambios de volumen, química, etc., según la también investigadora del IGME Virginia Rodríguez .

«Groenlandia presenta, debido a su singularidad, una gran fragilidad intrínseca y elementos naturales únicos o muy escasos en el planeta y, por tanto, se encuentran bajo condiciones estrictas de protección. Estas características deben ser concienzudamente evaluadas con anterioridad a la actividad extractiva», ha advertido.

Hielo y caos

«No veo tan claro el tema de aprovechamiento de recursos mineros. La isla tiene un 20 % sin hielo, pero la logística allí es muy complicada. Cuando se retira un glaciar, deja un terreno que es un caos, con permafrost congelado por debajo que no deja marchar al agua, lleno de lagunas, rocas, grabas, etc», ha añadido el experto en la región Mar Oliva.

Profesor de la Facultad de Geografía de la Universidad de Barcelona, lleva desde 2018 investigando en Groenlandia y antes lo hizo en el Ártico. Según los datos que maneja, la tasa de retroceso de glaciares es de entre 10 a 40 metros por año.

En su opinión, estos datos indican que Estados Unidos no estaría pensando en una explotación minera a corto plazo, si no en tener la «sartén por el mango» para cuando se pueda y que no lo tengan rivales como, por ejemplo, China, que ya ha intentado la minería en la isla.

No obstante, mientras en tierra firme la cosa se complica por el hielo, el «acceso» sería más rápido off shore (mar), en la plataforma continental (está bajo el agua), donde el mar congelado ha experimentado un retroceso significativo en las últimas décadas.

«Evolucionamos hacia un Ártico más cálido y por tanto, con menos hielo», lo que, además, hará más fácil abrir rutas comerciales para acortar tiempos de viaje.

Entre las especies que se verían afectadas por esas rutas, focas, narvales, osos polares, buey almizclero, renos, etc, según Oliva, que ha subrayado que lo más preocupante serían los efectos que una mayor actividad podrían tener en el clima mundial.

Glaciar Humbolt en Groenlandia. EFE/Nick Cobbing/Greenpeace
Foto de archivo En la fotografía el glaciar Humboldt, en Groenlandia. EFE/Nick Cobbing

Regulador climático

La isla, ubicada entre el Atlántico Norte y el Ártico, juega un papel fundamental en lo que a lo que regulación climática respecta, sobre todo en Europa.

En su interior, el hielo llega a espesores de 3.000 metros, lo que se traduce en cantidades ingentes de agua dulce que, de llegar al mar por el deshielo, produciría grandes cambios como, la subida del nivel del mar en 7,4 metros, al que, eso sí, «no veremos nosotros ni nuestros hijos, ni los hijos de nuestros hijos».

No obstante, ha insistido, se trata de una zona muy sensible al clima, en la que un grado de diferencia puede hacer que pasemos de ganar hielo a perderlo, lo que acabaría afectando a la Corriente Circular del Atlántico (AMOC, por sus siglas en inglés).

Esta corriente transporta aguas cálidas desde la zona del Caribe hasta el norte de Europa, y hace que, ahora, tengamos inviernos benignos.

«Si le inyectamos agua dulce, bajará la salinidad del Atlántico Norte, si esto ocurre, habrá menos contraste entre las altas latitudes y el Ecuador, y sin contraste, la corriente puede disminuir o, incluso, colapsar, provocando el enfriamiento de Europa, sobre todo en invierno», con temperaturas que podrían caer 30 grados en Noruega y 10 en Madrid.

«Existe consenso científico en que la corriente se está debilitando y puede colapsar. En lo que no hay consenso es en cuando pasará, si a mediados o a finales de siglo», ha apuntado Oliva.

Licencia administrativa vs social

Algo sobre lo que tampoco se habla es que cuando hablamos de desarrollar una minería, hablamos de proyectos que pueden llevar entre 10 y 20 años, por lo que expandir la frontera minera en Groenlandia es algo que sucedería en décadas», ha apuntado la investigadora Ramón y Cajal Instituto de Estudios Internacionales de Barcelona, Mariana Walter.

Aunque se quieran acelerar los trámites administrativos (licencias, informes ambientales, etc), siempre habrá que hacer estudios de exploración y explotación, perforaciones, informes de viabilidad económica, etc,

Además, deberán contar con lo que ahora se conoce como «licencia social», es decir, que la población de la zona lo apoye, pues la oposición eleva mucho plazos y costes.

Para Ksenija Hanaček, investigadora del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales de la Universidad Autónoma de Barcelona (ICTA-UAB), también es clave la oposición que despierta este tipo de proyectos entre la población de la isla, donde actualmente sólo operan dos minas, una de feldespato y otra de rubí y zafiro rosa, mientras grandes proyectos permanecen paralizados o retrasados.

Así, según datos recabados por EJAtlas (Atlas Global de Justicia Ambiental, plataforma interactiva que cataloga y visibiliza conflictos socioambientales), en Groenladia hay abiertos varios conflictos en los que están jugando un fuerte rol partidos vinculados a los inuit y que buscan parar proyectos por sus riesgos ambientales, ha apuntado Walter.

Protesta celebrada en Nuuk, capital de Groenlandia, contra Estados Unidos Archivo EFE/ Julio Cesar Rivas

El poder indígena

«Las comunidades indígenas suelen ser más sensibles a los impactos en sus territorios, porque es donde pescan, cazan, recolectan plantas medicinales, realizan sus practicas culturales…», ha añadido tras recordar que la minería es la que actividad que genera más conflictos a nivel global por su alto impacto ambiental y transforma territorios de forma irreversible aunque se haga de la mejor manera posible.

En virtud del Convenio sobre Pueblos Indígenas y Tribales 169 de la Organización Mundial del Trabajo, ratificado por Dinamarca en 1996, la población inuit es reconocida como sujeto de derechos colectivos sobre las tierras que tradicionalmente ocupan.

Esto implica que, por ejemplo, deban ser consultados por Dinamarca cada vez que se adoptan medidas legislativas o administrativas que les afecten directamente o pongan en riesgo su uso tradicional de los recursos naturales. No obstante, el convenio de la OIT decae en caso de seguridad nacional o internacional, ha detallado la experta.

Como ocurre habitualmente, la minería tendría consecuencias sociales y ambientales: provocaría el desplazamiento de poblaciones, generaría contaminación y acumulación de desechos con gran afectación en los ecosistemas y también impactaría en el medio la construcción de todas la infraestructura necesaria para transportar lo extraído.

«Costaría mucho sacarlo de allí», pero todo dependerá del deshielo, que hasta hace poco se pensaba que empezaría en 50 años, mientras ahora se teme que será en la próxima década, ha señalado la experta.

EFEverde

 

 

 


 

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Artículo de Ana Tuñas Matilla publicado en https://efeverde.com/groenlandia-donde-naturaleza-y-poblacion-se-lo-pondran-dificil-a-la-explotacion-minera-y-maritima/