Madrid.- El uso masivo de cuatro tipos de tóxicos en la producción y envadado de alimentos (pesticidas, ftalatos, PFAs y bisfenoles) cuesta a los sistemas sanitarios del mundo entre 1,4 y 2,2 billones de dólares por sus efectos en la salud humana, según una investigación, que cifra en 600.000 millones los daños que causan al medio ambiente.
El informe, elaborado por Systemiq en colaboración con un grupo internacional de investigadores, analiza el impacto de estos cuatro grupos de químicos sintéticos que se usan directamente en fertilizantes y pesticidas, equipos de procesamiento, envases y recubrimientos.
También ingresan al sistema alimentario de manera «no intencional» debido a reacciones químicas o productos de degradación, o como contaminación proveniente del suelo, el agua o la contaminación atmosférica.
«Esto resulta especialmente problemático porque, con el tiempo, muchas de estas sustancias han demostrado ser peligrosas para los seres humanos y el medio ambiente», según el informe.
Hasta 700 millones menos de nacimientos
Entre los principales daños que causan a la salud humana, destacan trastornos del desarrollo, cáncer, enfermedades respiratorias, circulatorias y metabólicas, trastornos reproductivos, alteraciones endocrinas y mortalidad prematura.
A nivel mundial, el análisis sugiere que los costes sanitarios por la exposición a estos tóxicos presentes en alimentos (ftalatos, bisfenoles, pesticidas y PFAS) ascienden a entre 1,4 y 2,2 billones anuales, lo que equivale aproximadamente al 2–3 % del PIB mundial.
Estos químicos afectan a la fertilidad tanto en hombres como en mujeres y ninguna región del mundo está exenta, según el documento, que concluye que la exposición comienza incluso antes del nacimiento. Estos impactos se suman a las presiones demográficas existentes, poniendo en riesgo no solo la salud pública, sino también los cimientos a largo plazo de la resiliencia económica y social.
Una evaluación de alto nivel realizada para el informe —que combina proyecciones de tasas de fertilidad, niveles de exposición y estimaciones científicas del impacto de los químicos tóxicos sobre la fertilidad— revela que las consecuencias demográficas podrían ser severas: entre 200 y 700 millones de nacimientos menos a nivel mundial entre 2025 y 2100 bajo un escenario de exposición actual.
Por regiones, África perdería 200 millones de nacimientos (5 %), Asia 265 (6 %), Europa 15 millones (4 %), América Latina 30 millones (% %) y América del Norte 15 millones (5 %) ampliando con ello el problema del envejecimiento poblacional.
Daños al propio sistema alimentario
El informe analiza también el daño ecológico causado por los químicos tóxicos que están causando estragos en servicios ecosistémicos esenciales para la resiliencia a largo plazo del propio sistema alimentario, como son la polinización o la calidad del agua
Los tóxicos se desplazan por múltiples vías, acumulándose en organismos y cadenas alimentarias y generando impactos sistémicos difíciles de revertir, según el informe que, además, concluye que las estimaciones existentes son solo la punta del iceberg, ya que muchos impactos ambientales, como la pérdida de biodiversidad, la degradación del suelo y los efectos acumulativos, no están adecuadamente valorados.
Lo que sí se sabe es que estas sustancias alteran los microbiomas del suelo, reduciendo su salud y su capacidad de secuestrar carbono; contaminan ríos y zonas costeras, amenazando la pesca y la acuicultura; y fragmentan las redes alimentarias, debilitando la biodiversidad y amplificando las pérdidas económicas en cada nivel trófico
Eliminarlos es viable
Con los datos de telón de fondo, los expertos urgen a romper la dependencia estructural de químicos dañinos cambiando incentivos económicos y reequilibrando modelos de negocio para priorizar la salud y la ecología a largo plazo sobre las ganancias de corto plazo
En su opinión, la eliminación de químicos tóxicos es viable y económicamente favorable, ya que los beneficios de actuar superan ampliamente los costes
La experiencia regulatoria demuestra que, cuando los gobiernos establecen normas claras, las industrias se adaptan rápidamente y, a menudo, a costos menores de lo previsto y, según las estimaciones de los expertos, sólo en el caso de los pesticidas podría reducirse un 80 % usando las herramientas ya existentes.
Para el responsable de la iniciativa Hogar sin Tóxicos, Carlos de Parada, el estudio pone sobre la mesa, por primera vez, el alcance global que puede llegar a tener en términos económicos la presencia de una serie de contaminantes químicos en la cadena alimentaria, algo de máxima importancia en un mundo en el que el dinero parece importar más que la salud.
«Lo más relevante es que muestra que no solo puede tener graves consecuencias para la salud humana y la de los ecosistemas, sino también ser ruinoso para la economía de los países, lo cual deja en evidencia la falacia de algunos argumentos que la industria suele utilizar».
En su opinión, las autoridades deberían tomar nota ante la evidencia de que no hacer nada es la opción más costosa en términos puramente económicos. EFEverde
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