• 19/01/2026 18:37

Nuestra nación (europea) y el mar: 2026, el año del océano que nos une. Por María Gálvez del Castillo Luna

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En 2025, los océanos alcanzaron niveles récord de calor acumulado, consolidándose como el principal amplificador físico de la crisis climática global. Ese exceso térmico no es una abstracción científica: se traduce en eventos climáticos más extremos, mayor riesgo de inundaciones, pérdida acelerada de biodiversidad y una reducción progresiva del margen de adaptación de sociedades y economías.

Pero este punto de inflexión físico coincide, por primera vez en décadas, con un punto de inflexión político. La comunidad internacional empieza a asumir que el futuro económico, climático y geopolítico de Europa se piensa y se escribe en azul. El océano deja de ser un telón de fondo y entra, por primera vez, en el centro de la arquitectura climática internacional.

En un contexto marcado por la confrontación geopolítica, la crisis climática y la erosión de los consensos multilaterales, el océano emerge como uno de los pocos espacios de convergencia real que aún conserva capacidad estructurante: territorio físico compartido, regulador climático global, vector económico estratégico y frontera decisiva de soberanía, seguridad y conectividad.

No es una anomalía histórica. La globalización comenzó en el mar, con la primera circunnavegación de Magallanes y Elcano, y hoy sigue fluyendo por él en forma de comercio, energía, alimentos y datos.

Europa, potencia marítima por historia y por geografía, parece haberlo recordado a tiempo.

Las crisis, se dice, abren ventanas de oportunidad. Esa fue, precisamente, la intuición de John T. Stratton cuando decidió volver la mirada hacia el océano. En 1969, en pleno vértigo tecnológico y geopolítico de la Guerra Fría, Estados Unidos publicó Our Nation and the Sea, el informe final de la Comisión sobre Ciencias Marinas, Ingeniería y Recursos —la conocida Stratton Commission.

Aquel documento planteó una pregunta tan sencilla como estratégica: ¿qué papel debe jugar el océano en el proyecto de una nación moderna?

Más de medio siglo después, Europa se enfrenta a la misma cuestión. Pero con una diferencia decisiva: hoy conocemos los límites biofísicos del planeta, el coste acumulado del retraso climático, el valor estratégico de la naturaleza y el potencial transformador de la economía azul.

La respuesta europea no solo puede ser más ambiciosa; debe serlo.

Cuando una nación miró al mar con atención

Publicado en 1969, Our Nation and the Sea ofreció una visión sorprendentemente avanzada del océano como sistema natural, económico, científico y geopolítico interconectado. El informe nació en un momento de triple tensión —auge científico-tecnológico, primer despertar ambiental y profundo vacío institucional— y lanzó una advertencia que sigue plenamente vigente: la gestión fragmentada del océano erosiona su valor estratégico.

Su hoja de ruta fue clara y estructural: integrar ciencia, tecnología, economía y política pública en una estrategia oceánica nacional; reforzar la investigación oceanográfica como base de la toma de decisiones; modernizar la ingeniería marina y costera; proteger, restaurar y conservar los ecosistemas marinos y costeros; y superar la dispersión institucional y la descoordinación administrativa.

El impacto fue inmediato. De aquel informe surgió la NOAA, se consolidó la investigación oceanográfica federal y se sentaron las bases de la gobernanza marina moderna. Sin emplear el término, el documento anticipó lo que hoy denominamos economía azul: prosperidad basada en conocimiento, innovación y respeto a los límites ecológicos. Europa tiene ahora la oportunidad —y la responsabilidad— de liderar el momento oceánico global.

Europa ante su momento oceánico

2026 marca un punto de inflexión para la Unión Europea. Europa no está diseñando una política más: está redefiniendo su relación estructural con el sistema que regula su clima, sostiene su economía y conecta su soberanía. El océano deja de ser un ámbito sectorial para convertirse en eje vertebrador del proyecto europeo.

Hablar de océanos ya no es hablar únicamente de conservación o medio ambiente. Es hablar de competitividad industrial, resiliencia climática, seguridad estratégica, innovación tecnológica y cohesión territorial. La economía azul no es una narrativa ambiental: es una agenda industrial, tecnológica y financiera que determinará la posición de Europa en energía, logística, alimentación, datos y comercio global.

La futura Ley Europea del Océano

La anunciada Ley Europea del Océano, actualmente en consulta pública hasta el 9 de febrero de 2026, aspira a convertirse en el marco de referencia de la gobernanza marítima comunitaria. Su ambición es inequívoca: integrar política climática, biodiversidad, economía azul, seguridad marítima y cohesión territorial en un único marco estratégico.

El mensaje de fondo es claro y difícilmente discutible: no existe competitividad europea sin océanos sanos, ni neutralidad climática sin mares funcionales. Por primera vez, el océano se concibe como infraestructura estratégica del siglo XXI, al mismo nivel que la energía, el transporte o las telecomunicaciones.

El Tratado de Alta Mar

La entrada en vigor del Tratado de Alta Mar, el 17 de enero de 2026, refuerza esta visión. Por primera vez, se establecen reglas jurídicamente vinculantes para la conservación y el uso sostenible de las aguas internacionales, cerrando uno de los mayores vacíos del derecho ambiental global. Europa no se limita a ratificarlo: se posiciona como actor normativo y diplomático central en su implementación.

Del Pacto Europeo por el Océano a una Ocean Union

En 2025, la Comisión Europea adoptó el Pacto Europeo por el Océano, acompañado de una inversión inicial superior a los 1.000 millones de euros. No se trata solo de financiación, sino de orientación política. El lenguaje es revelador: Europa comienza a hablar abiertamente de una Ocean Union.

Hablar de una Ocean Union no implica crear una nueva institución, sino integrar el océano como principio organizador transversal de las políticas climáticas, industriales, energéticas y de seguridad europeas. El pacto articula tres prioridades estratégicas: proteger y restaurar la salud del océano; impulsar una economía azul competitiva y sostenible; y reforzar la seguridad, el conocimiento y la gobernanza marítima europea.

El océano deja de ser periferia. Se convierte en sistema.

Ciencia para el océano que queremos

Este impulso se alinea con el Decenio de las Naciones Unidas de las Ciencias Oceánicas para el Desarrollo Sostenible (2021–2030), liderado por la UNESCO bajo un lema inequívoco: la ciencia que necesitamos para el océano que queremos.

No es retórica. Sin observación oceánica, sin datos fiables y sin ciencia aplicada, no hay planificación espacial marina, ni adaptación costera, ni descarbonización marítima creíble. Invertir en ciencias marinas es invertir en soberanía, resiliencia y competitividad.

2026: el océano entra en el centro del clima

El cambio de paradigma se consolida en 2026. Blue Davos, en enero, sitúa por primera vez el océano en el centro del debate económico global. La COP30, en noviembre, marcó otro hito histórico: el océano se convierte en actor estructural de la agenda climática por primera vez en la historia.

El Blue NDC Challenge invita a integrar soluciones oceánicas —restauración costera, energías marinas, ordenación espacial, transporte marítimo de bajas emisiones y seguridad alimentaria azul— en las estrategias climáticas nacionales. El océano deja de ser un cobeneficio para convertirse en una palanca climática central.

Carbono azul: oportunidad con responsabilidad

Los ecosistemas de carbono azul ocupan hoy un lugar central en la arquitectura climática. Manglares, marismas y praderas marinas almacenan carbono durante siglos y protegen las costas frente a tormentas y erosión. Su restauración es una de las soluciones climáticas más eficaces y coste-eficientes disponibles.

El nuevo Marco Europeo de Certificación de Absorciones de Carbono (CRCF) crea las condiciones para integrar estas soluciones con rigor científico, evitar el greenwashing, canalizar inversión y garantizar beneficios reales para el clima, la biodiversidad y las comunidades costeras.

Europa como potencia oceánica líder y responsable

Europa no es simplemente un continente con litoral: es, en su propia esencia, una gran potencia marítima. La mayor parte de su población vive en zonas próximas al mar, a lo largo de casi 70.000 kilómetros de costa que, gracias a sus regiones ultraperiféricas, se extiende hasta el Caribe, el Índico y el Atlántico sur. Sus Zonas Económicas Exclusivas abarcan cerca de 25 millones de kilómetros cuadrados, la mayor extensión marítima colectiva del planeta.

En ese espacio azul se concentra una parte sustantiva del poder real europeo. El océano es seguridad estratégica, energía, alimento, infraestructura de comunicaciones, comercio, innovación y soberanía. El 74 % del comercio exterior europeo se transporta por mar y el 99 % de los datos intercontinentales circula por cables submarinos que reposan en sus fondos oceánicos.

Europa ya vive —económica, tecnológica y geopolíticamente— del mar. Ahora debe aprender a gobernarlo.

María Gálvez del Castillo Luna es CEO de Smart Blue Lab y embajadora del Pacto Climático Europeo.

La cuestión, por tanto, no es si Europa debe convertirse en una potencia oceánica: ya lo es.

La decisión verdaderamente estratégica reside en cómo ejercerá ese poder. En si lo hará de manera fragmentada y reactiva, o si asumirá plenamente su condición marítima con responsabilidad histórica, visión de largo plazo y liderazgo global.

El océano no admite medias tintas ni cantos de sirena. Exige coherencia, liderazgo, coordinación y anticipación.

O se gobierna como la infraestructura estratégica que sostiene el clima, la economía y la soberanía europeas, o se pierde —como bien común— a costa de todos.

 

 

María Gálvez del Castillo Luna es CEO de Smart Blue Lab y embajadora del Pacto Climático Europeo.

 

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Esta tribuna puede reproducirse libremente citando a sus autores y a EFEverde.

 

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Este blog de «influencers verdes» fue creado por Arturo Larena y ha sido finalista en los Premios Orange de Periodismo y Sostenibilidad 2023 en la categoría de «nuevos formatos».

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Artículo de Generico publicado en https://efeverde.com/nuestra-nacion-europea-y-el-mar-2026-el-ano-del-oceano-que-nos-une-por-maria-galvez-del-castillo-luna/